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SSp pfe fcpi 4. Y enajíQado de alegría, recorccó la estanca gritaado ¡Eureka! ¡eurehif mientras el edil salla de allí poniéEdoae el dedo en la sien y mnrmnrando: -El prefecto está loco; ya habla en griegol Cuando el enapresario dd circo entró á sn vez. el magistrado le estrechó contra sa pecho. -Mira, le dijo; necesito como el comer, una fnnción de flerpa para esta tarde. -Pero ipor el tigre de Baco! iCrees que eso se arregla así como asi? Hoy no hay en Roma más que gladiadores de invierno; las fieras que tengo soá desecho de tienta; el circo esti abandonado, sucio, sin preparar. -iMejorl ¡mucho mejor! gritO el prefecto abrazando otra vez al empresario. Haya función, se como quiera, que yo no he de exigirte responsa, bilidades. -En tal caso, cuenta con la función, y sea lo que Júpiter quiera. Prefecto y empresario salieron juntos; éste á improvisar de cualquier modo la función, aquél á ponerse delante de las turbas, cuyas mofas y escarnios 4 todo lo existente habían llegado al sacrilegio. Nada menos que en la puerta del Capitolio habían colocado este cartel: aSe prohibe hacer dioses mayores y menores en este sitio. Llegó el magistrado ul lugar de los sucesos, suplicó que le dejaran hablar, y dijo en breve arenga: -iRómanosI ¿es éste el ejemplo que habéis recibido de vuestros mayores? Si la ley os da todos los derechos, ¿4 que apeláis 4 la revuelta y al motín? Ahora me percato de vuestros deseos, y ahora me apresuro á cumplirlos- ¿queréis más? -No, no; (Viva el prefectol Y los guardias decían por lo bajo: -Aplaudid, Brutos... 4 como os llaméis. -Solamente, añadió el prefecto, para el mayor orden y perfecta comodijdad vuestra me voy á permitir haceros una indicación. ¿Cuála? gritó uno de los más ilustrados alborotadores. -La siguiente. Todos los que vayáis al circo recibiréis en la misma puerta el pan que por clasificacióa os corresponda; los que por falta de afición 6 de fnerzas agotadas en estas horas de escándalo! digo, de entusiasmo popular. no vayan á las fieras, ésos qne acudan á la prefectura media hora después, y allí recibirán sus hogazas correspondientes. -I Viva el prefectol ¡vítor! ¡vítor! gritó la plebe. Y fraternizando en seguida con los soldados de la cohorte urbana, se abrazaban y confundían ebrios de gozo, repitiendo para hacer las paces: ¡Todos somos huunosl ¡todos Bomo 3 hnnnos! II! í yi, N- l t Cumplióse el programa puiítual y formaiísimámente. Una hora después de ocurridas las esci; n: is del anterior relato, la plebe romana se agolpaba en las múltiples puertas del Circo Flavio. En la entrada tomaban el pan, y colocándolo bajo el brazo entraban en torrente por los vomitorios y ocupaban la gradería sin respeto á lugares de etiqueta ni 4 filas preferentes. La fimción era eminentemente popular: toda, sola y entera, para el pueblo; éfte, por consiguiente, ocupaba el lugar reservado para los patricios, para los caballeros, para las vestales A cambio do ello, toI, i -i i r- irlc de los raj os d. 1 f I- li b i. 1. 11 I se limpia, sin la I ií. 1 lii- I -i I. I f -inulaba la sangre 1! A l. -i. -i- J