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I PANliM tT í: iR h: SHS J i- í X í v- 4 i longación del baüo. El prefecto de a ciudad entró en la estancia sin previo avÍ 30, y entró tan locamente, qne pisándose la fimbria de la toga di 6 en tierra con toda aq respetable humanidad. ¿Tropezando vienes? dijo nno de lo? cónsules. Si fnéramos superstición B 08, creeríamos que un grave mal amenazaba á la República, ¡Quién sabe! respondió el prefecto levantándose y sacudiendo sus vestiduras; quizá no te engañes. Bruto. -Ko, Bruto es éste, se apresuró á decir el aludido señalando á su compañero de magistratura. Pero sepamos: ¿qué es lo que ocurre? -Lo de siempre, cónsules, lo de siempre. Tiberio Graco qne alborota las turbas, Tiberio Graco que promete imposibles, para que otro los cumpla, Tiberio- Gyaco que tiene sorbido el seso á los plebeyos, é los clientes, á los peregrinos de Oriente y de Grecia, á los libertos malditos, que tan poco agradecen la manumisión. El nombre de ese faccioso es sinónimo de revuelta y algarada; cuando hay jaleo en las calles de loma, el patriciado se esconde y no dice Se ha armado un motíns, sino eSe ha armado un Tiberio -Es verdad; pero no hagas discursos como si estuviéramos en el Senado. -Pues bien, cónsules: el hecho es j ue la plebe empezó á alborotar en el FOTO apenas amaneció el día. Los prudentes soldados de mi cohorte urbana despejaron, no sin trabajo, los pórticos y columnatas, arrojando á los sediciosos- más allá de la puerta Oapena; pero en la Vía Apia se ha reproducido el motín, y mi cohorte urbana ha tenido que replegarse, abollados los cascos por las piedras y sintiendo en los escudos el repiqueteo vergonzoso de mil guijarros. -Pero esa gente, ¿qné pide? ¿qué quiere? ¿con qué amenaza? ¿Coa qué? Con reíirarae al Aventino. lA ver cómo no se retira á los mismísimos Alpes! -Y es forzoso tomar una determinación. -El motín crece, la plebe se envalentonará si la dejamos; los cipos, tumbas y sarcófagos de la Vía Apia son otras tantas barricadas para los revoltosos; el monumento á los Horacios y Cariacios es un reducto inexpugnable Temblaron Jos cójisales, reSexionaron un momento, y uno de ellos exclamó tras breve paasfi: -Pues, sin embargo, es preciso ceder. ¿Cómo ir contra el pueblo en víspera de comicios curido Yo aspiro á la reelección, tú también, el prefecto lo mismo; ¿üo es verdad, prefecto? Así, pues, hay que halagar al pueblo y no alejarle de las nraas, ¡Oh vergüenza de las vergüenzasl ¡Cómo se reirá Tiberio Gracol- ¿Qué nos importa? Gobernar es transisrir, va lo sabes. Y ahora, ¿quá es -OG C tt