Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
por sus milagros y atrae la devoción popular de los aragoneses el Cristo famoso, cuya historia, bien sencilla y relativamente moderna, contrasta de u n modo notable con la pátina histórica, con la legendaria y ceñuda obscuridad que envuelve las capülas de la Seo zaragozana. El gótico retablo de alabastro que forma el altar mayor, y todos los detalles de éste, recuerdan en timbres y escudos la historia del autipapa aragonés Pedro de Iiuna; j u n t o al histórico altar fueron ungidos nuestros reyes vistiendo la dalmática del diácono, y aún resuenan bajo los nervios ojivales arriba entrecruzados los greujes y las quejas de contrafuero lanzadas ante el rey por las Cortes aragonesas. En la capilla de San Marcos parece escucharse el ruido de estocadas de dos caballeros aragoneses, más testarudos que irreligiosos, que dirimieron sus ofensas á cintarazos sin parar cuenta en la santidad del lugar; la capilla de San Pedro Arbués evoca la muerte del santo inquisidor, acribillado a p u ñ a l a d a s en la iglesia como Santo Tomás de Cantorbery, j la capilla dp a n t e Dominguito, cla ado en la cm con el traje infantil dolos A tm: m h v S- i i- niños de coro, trae á la memoria otro asesinato de los judíos m u y semejante al del Xiño de la G- uardia en la catedral de Toledo. En medio do tan sangrientas historias, santificadas por la palma del martirio y envueltas en la obscuridad de las capillas de la Seo, álzase en la parte más clara é iluminada de la catedral el tabernáculo barroco que sirvo de trono al Santo Cristo y se eleva en medio del famosísimo trascoro, obra del cincel de Tndelilla, ilustración obligada de todas las obras de arte español y fondo elegido por F o r t u n y para su magnifico cuadro lil bautizo. Las estatuas de los diáconos aragoneses San Vicente y San Lorenzo, y las escenas de sus respeclivos martirios, son el asunto escultórico del trasca-