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EL CRISTO DE LA SEO L ilustrado sacerdote zaragozano y cura ecónomo de la Seo D. Antonio Ximénez de Bagues me esoribia no há. muchos dias, incluyendo en la amable carta las primicias de su Historia de aquella catedral: íEs en vano que t r a t e usted de buscar relación alguna entre la historia de nuestro Santo Cristo y la historia general militar y política de Aragón. Llena está la Seo de esos recuerdos en sus capillas, en su altar mayor, en la Parroqideta; pero el Cristo milagroso que se eleva en medio del magnífico trascoro es ajeno á las luchas sangrientas y á las h u m a n a s contiendas de la Historia. Y yo, que antes de escribir este artículo quise encontrar, para que sirviera de fondo al Cristo de la Seo, una página de nuestros anales, u n folio de nuestros cronistas ó u n pergamino de nuestros fueros, leí con doble interés la historia sencilla del Santo Cristo, todo paz, misericordia y amor. ¿Quién fué el autor de su maravillosa escultura? No se sabe. ¿Cómo vino á la Seo? También se ignora. Sábese que cuando los canónigos de la Seo hacían vida de comunidad y eran clérigos regulares de San Agustín, el Cristo se veneraba en el refectorio de los canónigos, y cuando éstos fueron secularizados por una bula de Clemente V I I I en 160 á, la imagen fué trasladada á la iglesia, donde no lleva, por consiguiente, tres siglos de existencia. Allí, bajo el maravilloso tabernáculo, cuyo origen está en la tradición que luego referiré brevemente, resplandece