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f -v a- s- íiíftt tat. V H. EL CRISTO DEL AMOR TKAUICIÓS SEVILLANA (1 ÍAN surgido ciertas diferencias entre Marnez Montañés y I03 Padres de la Compañía 3 Jesús, y allí, en el estudio del famoso esI lia quedado la hermosa imagen encargada peíira la iglesia de su Casa Profesa. ba el Crucifijo, eclipsando con su belleza mei de las demás esculturas. Parecía tm sol en del arte. Porque era lo que decía el Maestro, ado con veneración cristiana su propia obra: ismo no me doy cuenta de cómo estas mis peanos han podido hacer tal efigie. A Dios sean gracias. ípulos del Murillo de la escultura escuchaban mente estas expresiones, admirando la porten 3 u del Crucificado. Sólo uno de ellos, joven sintidós años, por cierto el más amado de Martañes, se había sonreído al oirle tales palabras. 3 pués, una tarde del año de 1630, estando el lera de casa, conversaban los jóvenes en el es. jo el más muchacho: radas, desde mañana ha de faltarnos de aquí iñía buenísima: la Hermandad de la Entrada én se va á llevar nuestro Crucifijo. sras lo siento, dijo otro, aunque también me en parte, si no fuera pecado: porque es tal la 1 que esa santa imagen me inspira, que desde 1 stro la terminó, paréceme un templo el estuI habréis visto que no intervengo en vuestras nversaciones. ¡Corazón de manteca! repuso en tono burlón el discípulo predilecto de Montañés, acabando de modelar una figura. (1) La preciosa escultura (Je iTontafiés á que se refiere esta tradición se venera desde el año de 1870 en Ja iglesia del Dulce Nombre de Jesús.