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en vasijas recogieron aquel portentoso liquido, y obró tan raros milagros, que de Beyrnt los judíos, llenos de fe, resolvieron abrazar el Cristianismo. III El G- uadalaviar, que riega los verjeles valencianos, negando al mar su tributo iba las aguas surcando. Era el Cristo de Beyrut, por los moros arrojado, y que cruzando los mares llegó al reino valenciano. Sacaron de la corriente aquel madero preciado; lo llevaron á la casa del noble Cid castellano, que no creyéndose digno de tener huésped tan alto, mandó conducirlo á un templo. para ofrecerlo á los campos, crecido por los turbiones que las nubes arrojaron, de las sierras descendía rojo, revuelto y airado. En las riberas, las gentes miraban con mudo espanto del turbulento caudal los insaciables estragos, cuando vieron que la imagen del Señor crucificado en contra de la corriente donde fué depositado: pero el Cristo amaneció sobre el modesto retaiblo de uníi ermita que del Turia se hallaba en lugar cercano, y allí mismo los piadosos al Señor un templo alzaron que, por guardar esta imagen, del Salvador fué llamado, donde con gran devoción le adoran los valencianos. RAFAEL TORRÓME niBD. TOS DE H U E R T A S