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La Carpía dio con el codo á Marioaa, y le dijo aludiendo con una guiñada al Turrión: -Precisa ser tan falso como Xudas pa facer el paso tan á lo vivo. Y en verdad que el Turrión no apartaba sus ojos de la imagen de Jesús. Presa de una cruel pesadilla, rondaban su memoria espantables visiones y fantasmas. En el rostro del Cristo hallaba á veces no sé qué semejanzas con el de Jaoobo en su agonía; los párpados cerrados, el pelo hecho horra por el agua del mar como lo tenia Ja imagen Sintió el Turrión todas las angustias del vértigo en su alma Quiso alejarse de allí, y no pudo El Cristo había abierto los ojos y le mifaha le miraba con aquella misma mirada de Jacobo pidiéndole auxilio en su desesperada lucha con la muerte t í V 7 i II í i í. í ü n rumor solemne y religioso coiudó por la iglesia, y todos á una gritaron conmovidos: ¡Milagro! ¡milagro! El Turrión cayó de rodillas, y gritaba: ¡Sí, soy un criminal! ¡Perdón, Dios mío! Desde aquel momento, el Cristo de Candas fué uno de los más venerados en Asturias: millares de exvotos y presentallas atestiguan de la fe con que los pueblos recurren á El suplicando mercedes. El día de su fiesta puéblanse los caminos de amortajados y romeros de todas clases: y cuantos van allí aseguran que el Cristo les mira, en cualquier parte del templo en que se hallen. T es, acaso, que les recrimina la conciencia. JiAN MENÉXDEZ PIDAL. 1. de Marzo de 1896 DisnjOB DK M A R T Í N E Z ABADES