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Es prematuro cuánto se diga sobre el eníjasiUado dijei San José los órganos ministeriales. Y el cepillo, la sierra y la garlopa del santo carpintero Í ministerio de Grobernación, atrayendo la curiosidad de los transGuntes, ¿Hay obra dentro? preguntaban á los civiles de la puerta. -Si, señores, obra de carpintería electoral; hoy no está la madera más que para hacer encasillados. De cuando en cuando se asomaba Cos- Grayón á la ventana y arrojaba puñados de virutas, cestos de serrín y manojos de astillas. ¿Por qué tira usted eso? gritaba degde adentro el presidente. ¿No puede usted prender fuego en la antesala y arrimar á la hoguera el puchero d é l o s Morlesines? Cos- Grayón se agarró otra vez al cepillo, mientras el ministro de Ultramar andaba con el otro, con el cepillo de las ánimas bancarias. Y D. Antonio, contento y satisfecho ante el trabajo ae sus compañeros, se puso á repartir las palmas éntrelos cuneros, que hacían larga cola y amenazaban traerla mucho mayor. ¿Por dónde sales tú? se preguntaban unos á otros. Y en vez de contestar: cpor Asturias por Aragón ó por Castilla decían: Por la cuna de Pelayo, ó de Groya, ó do D. J u a n de Padilla. ¡La palma! Símbolo elocuente de la próxima lucha electoral, porque n i n g ú n obsequiado, al recibirla, puede asegurar si será la palma de la victoria ó la palma del martirio. Mañana hacen su entrada oficial en los distritos la m a y o r parte de los candidatos ministeriales, montados en el pollino del cacique, seguidos por los judíos electores y á los gritos del pueblo, que exclama: ¡Hossana! ¡Hossana al que viene en nombre del Señor Morlesín! V El marqués de Cabriñana, c j n m u y buen acuerdo, quiere saber si es valedera y cobrable la letra expedida á su favor por el pneblo de Madrid la tarde de la manifestación famosa del año último. Mal contados los manifestantes, calculadas m u y por encima las personas que firmaron en los álbums, y hojeando las numerosas listas de aquella suscripción popular, sobran votos! -in duda para salir diputado por Madrid. ¿Mas quién es capaz de calcular las mermas naturales de u n producto tan deleznable y vaporoso como la popularida. d? Tales son las dudas que en el momento presente deben asaltar á D. J u l i o Urbina, quien, por otra parte, se encuentra entre la espada y la pared de Grobernación. Entre u n florete y u n acta, ¿no es triste cosa que se decida por la segunda hombre tan pundonoroso, digno y diestro en el manejo de las armas como el joven y popularísimo marqués? Con su espada española y su coleto de ante, seguirá siendo el arcángel de la moralidad. Con el acta de diputado, será uno de tantos. Demasiado sabe el señor marqués que en el Congreso todo son cotorras. Los leones ¡ay! se han quedado á la puerta. ¿Conocéis á Fernando Guevaraf p r e g u n t a b a u n personaje en u n famoso estreno romántico del Español. Y u n espectador contestó, dando en el foso con la obra estrenada: -En mi vida le he visto la cara. Lo mismo me pasa á mí con las pesetas nu vas. Los periódicos han dicho que han sido acuñadas, que las han visto salir calentitas de la Casa de la Moneda y que circulan por ahí ¿Las habrá atropellado a l g ú n coche? Acaso se hayan ido con el macuto á la espalda y el rayadillo en el canto hacia los gastos de Cuba, 6 quizá estén en casa del falsificador para que les tome medida de moneda falsa. Si en efecto han entrado en el torrente circulatorio nacional, declaro que la menuda arteria que me corresponde padece sin duda de alguna embolia que impide el paso de esos glóbulos blancos. A u n q u e bien mirado, los poseedores de las flamantes pesetas las guardarán como oro en paño para atender á los gastos de) a semana próxima. El j u e v e s hay petitorios en las iglesias. Y luego hay petitorios en todos los caciques LUIS D I B U J O S DE C I L L A BOYO VILLANOVA