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Lo primero que á Ja tonniDación (Í 6 la escalera hallaban los asombrados visitantes era la imagen de la Vir (jen, blanca y aérea, cincelada en mármol por el inspirado Suñol, coronada de estrellas de brillantes, joyas dignas de una soberan j. y teniendo por fondo un cristal azulado iluminado interiormente, lo que completaba la mística ilusión de aquel oratorio suntuoso. Seguir haciendo una relación detallada de todas las estancias del palacio fuera tarea interminable, y para la que no bastarían todas las páginas del periódico. ¿Qué hahría de decir de aquel salón de baile, ea el que la luz eléctrica arranca destellos del oro ¡ue por todas partes le decora? ¿Qué de aquel salón de los Góbelinos, donde cada mueblo es. un objeta de artfc? ¿Qué de aquel comedor suntuoso, en cuyo techo un artista eminente, i rrant, pintó de mano maestra El banquete de los dioses? Todas las estancias del palacio son otras tantas maravillas artística? en unas dejó el infortunado Plasencia IBS huellasdesu genio prodigioso; en otras, el ilustre autor de Doña Juana la Looa dio nuevas muestras de su inspiración inagotable; en el despacho, Luis Alvarez, el elegante autor de La silla de Felipe II, tiene sobro un raballete, que adornan boi tladas telas, uno de esos cuadros llenos de luz y de colores, en (jue retrata de una manera por nadie igualada las cost- mbres del primer Iiiip rio Til marqués y la marquesa de L narcs. afables con cuantos los visitan, se complacen en servil- de oiocrones ó, sus amigos en aquel Museo contemporáneo, y el paseó por los salones se hace aún más agradatde cuando los señores de aquella residencia señalan el asunto de cada obra de arte ó el nombre de cada pintor ilustre de los que han contribuido á embellecerlo. El día 15 de Marzo, San Raimundo, es el único del año en que se. abren todas las estancias (los marqueses recihen habitualmente en el piso bajo) entonces los amigos envían á la marquesa, que celebra su santo, valiosos presentes y una inmensa cantidad de flores que, unidas á las de las estufas del marqué. convierten enjardines las estancias. Plantas tropicales yerguen en ellas su rampje espléndido; las inunda con claridades de aurora la iluminación eléctrica: el palacio se puebla de hermosuras, y toma el aspecto de uno de esos alcázares encantad s de que Galand nos habla en sus Mil y tma noches. Tal es, á gi- andes rasgos descrita, la morada de los marqueses de Linares, que por sus rasgos de bondad, de esplendidez y de filantropía ocupan tan preferente puesto en la sociedad española. MONTE- CRISTO Fotografías de M. Fra- i z n, Principe, 33, h- echaa expresamente para BLANCO Y NKGIÍO.