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Á los extremos de la última linea de íbrmaoióti ó retaguardia estaban las torres, máq ilinás de guerra, poderosa artillería de ataque directo, certero y desisivo; formaba después la caballería jara la faena guerrera más astuta y ardorosa, ciue sorprende y sobresalta al enemigo; bien luego hallábase el alfil de reina en casilla negra, representando el flanco izquierdo, como la reina el centro, y sobre casilla blanca el alfil de rey, el flanco derecho del ejército, masa para aplastar y brazos para aprisionar al adversario; y. en fin, hallábase el rey, el cuartel general, con marcha libre y cautelosa y prudente, pues en él se manifiesta -1 interés y el honor de los combatos. Avanzan, se cruzan, se contienen, retroceden las figuritas, que en su insensible condición de cosas, si sujetos i n a n i m a d o s resultan formando el más sumiso eiéroito á la ley de la disciplina; mas llevan la intención, y en ellos se fija el pensamiento de los jugadores, y por artificio se animan, parecen vivos, tienen pasiones, penet r a en ellos el espíritu con sus vaivenes de deseos, su fiebre de ambición, sus fiíos de terror, sus dolores de en vidia; el odio ó el valor les presta fu gitiva existencia; realizan en las maf i; noí del hombre el rtrama del destino; hállanse á merced de estrategias que I tienen por arte ó artificio del j u e g o sus consejos. Cuidaba temeroso el príncipe, en los primeros pasos de aquella ficción do guerra, de no perder sus peoncillos, cuanto desdeñoso y j e t u l a n t e parecía por soberbia no atender el emperador á tal cuidado, y fueron desapareciendo sus cazadores, que él echaba en la caja de m a d e r a y al caer t n ella producían u n ruido seco, cual si cayeran en la fo a. OJvidábase ae que no hay que tener los alfiles atados n i los oabaUus arados, y por olvida; lo hubo de decirlo el principe: ¿Me permite V. M. que lo anuncie juego? ¡Oh! Hablad, p incipe í TEMWBW M- ¡Jaque a l a reina! SoHBK- ¡Imposible! ¡Cómo! No le esperaba ¡Este maldito estuche de piezas de madera! Pero ¡bah! poco imi orla Esperaba el juque, exclamó el emperador M. as do pronto, adviitiendo las para él fatales consecuencias de la jugada, dijo: ¡Maldecida pieza! Y colérico, viendo que lurgo fué la reina comida por el contrario, tomó la figurilla. de. madera y la arrojó con desprecio al suelo. Supersticioso y soberbio, añadió habiendo otra j u g a d a -El mal ha estado en escoger u n caudillo de madera. ¡Mate! replicó fría y decididamente el adversario. Levantóse ceñudo y visiblemente incomodado el fiero emperador, y co- ¡Pjíncipe, constee m a í thabéis vencido á u n rey de palo suelo con verdadera cólera: ai leyeznelo d que r a dijo arrojándole también al afiadió desdeñoso dirigiéndose á todos: ¡Despejad! SaJinuii el yriucipe y los cortesan is del gran salón, dejando al emperador enojado j tan aburrido, que se sentó en u n a ancha butaca junto á la chimenea y cerró los ojos; m a s cuando iba ya quedándose entre dormido y despierto, vio que el reyecito blanco de m a l e r a poniéndose en pie, decía: Eres, por la soberbia, más pequeño que yo. Qué mano si no la tuj- a ha movido las piezas? ¿Quién, si no tú, dirigió la partida? líesponsablc eres de la derrota, que no nosotros. ¡Qué grave ha de ser que u n grande en la tierra reconozca á su pesar las torpezas de su alma! III El emperador al dia siguiente pensó en dar u n nuevo título y confiar una itnpo- tante comisión al príncipe, pero antes de q u e diese las órdenes recibió u n pliego de éste, en el cual le decía: Señor, cansado de Ja vida de la corte y de los negocios de la política, pido reverentemente á V. M. me conceda licencia ilimitada para irme A cuidar de mis tierras y á dedicarme á la labranza. -Sea, dijo el emperador avergonzado. Este no quiere servir á quien, como yo, pudiera tratarle como á u n a de las piezas del ajedrez Ko es u n general n i u n soldado de marfil ó de palo. JOSÉ Z A H O N E R O í H! rjoB rpF Í L B W K T l