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LOS BUENOS Casóse Ana María con Juan Antonio, que era un ángel, un santo de virtud lleno, y ella aceptó guetosa tal matrimonio por ser su prometido tan recto y bueno. Los cuales le adulaban y le impolian á empresas metalúrgicas, Bancos y arriendos, y los fondos de Antonio se repartían mientras él esperaba los dividendos. Eva, en verdad, un hombre muy excelente y heredero de títulos y posesiones; tanto, que de él solía decir la gente que hacía y que guardaba buenas acciones. La existencia á la novia le sonreía; sin zozobras nairaba su nuevo estado. ¿Qué mujer más dichosa que Ana María, teniendo esposo bueno y acaudalado? Mas ¡ay! que al poco tiempo vio en los negocios la desdichada esposa preso al marido, y miró con espanto salirle socios como si fueran granos de sarpullido. La adulación, aquella volvióle loco, y si alguien le decía: -Vaya con tiento, -replicaba: -Usted de esto sabe muy poco; yo para estas empresas soy un portento. -Y ciego con las torpes adulaciones que la chusma logrera le dirigía, trocó el desventurado malas acciones por acciones del Banco que poseía. El oro de un imbécil trasciende á muerto; los grajos del negocio sobre él se arrojan, y al ver bajo sus picos el botín cierto le desgarran las carnes y le despojan.