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Decían que todas las noches, cansado Eoberto de apalear á sus vasallos, apaleaba el oro en las mazmorras, y que las m o n e d i s despedí m fulgurantes resplandores al ser heridas por la luz resinosa do las teas enganchadas en los húmedos muros. TI Roberto se vio aticado de la lepra, do aquella enfermedad horrible que diezmaba las poblaciones y obligaba á los atacados á aislarse en absoluto, á encerrarse en obscuras cuevas, desde las cuales implor; ban la caridad s mando una carraca. Vasallo? oldados, servidores, todos huyeron del castillo, dej ndü- T ií- f I en él al señor llagado, deformo- y materialmente corrompido. E n aquellos lugares ya no se oían los lamentos de los atropellados; sólo se e i c u c h a l a n los desgarradores aullidos del señor rico y abandonado. Cómo salió de su enfc- rmedad? No se sabe. Hablábase de un misterioso monje que todos los días entraba en el castillo, llevando al apestndo auxilios morales y terapéuticos; decíase que en aquella lufba. AntrA la Iñpra v Roberto, éste había dominado en poder y en ron por milagro divino, oíros por rara casualidad; ello es que E o berto, aunque m u y desmedrado y nlicaído, salió con bien de la e i (lemia en que sus antiguob vasa 1 os le vieron y no le conocieron. De avaro y coíicioso tornóse ea esplendido y caritativo; de lierju -o, en beato; de cruel, en compasivo; de irascible y orgulloso, en puro modelo de pacient a y de mansedumbre. -Y o he sido avaro, saltea r y ladrón, se dijo uu día; no puedo restituir lo hurtado, porque muchas de mis v í c t i m a s han muerto, otras- vivt- n lejos y á la mayor parte ni siquiera las cc- nozco; pero yo consagrare mi vida entera á San Dimas, que creo y el saLto más indicado para prote. germe, y solemnemente prometo v que si la emperatriz E l e n a no h a r ó descanso hasta dar con la cruz de Cristo, yo no seré menos diligente jiara top r con la cruz entera d (d Bnen Ladrón. -V e d señor, le dijeron, que eso es imposible. La cruz eta. debe andar por t h í repartida en estucho y relicarios, y sería preciso un siglo y una fortuna para reconstruirla. -N o import: mis delitos han sido g r a n d e s grande y prolongada tiene que ser la expiat ion. Y aquella misma tarde partió Roberto para Tierra Santa, mientras en distintas direcciones i) artí ¡in también pajes y escuieros encargados de adquirir á precios f d u l o s o s esquirlas y astillas de la cruz famosa. E n los muros de las a b a i í a s en h s puertas de los prebostazgos, sobre las argollas de las hosterías en dunde los r a m n a n t e s ataban sus caba gadurL. s, aparecieron carteles y pregones solicitando á buen precio cu Hitos trozos subsistieran de a iuel! as dos vig s cruzadiis en donde murió aturmentado el Buen Ladrón.