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Para verificar la siembra se mezcla arena ó ceniza con la simiente (una parte de semilla por tres de arena fina ¿ceniza) distribuyéndola con igualdad sobre el terreno, á fin de que las plantas nazcan á distancias convenientes y no apiñadas, por lo cual se corren, ahilan, pudren y pierden los semilleros, debido al exceso de humedad y falta de ventilación, por nacer las plantas am. ontonadas en cepellón las u n a s sobre las otras. Al primer grabado que remito, y q a e reproduce fotográficamente una siembra de tabaco en Cuba, sigue una hoja de la planta con su flor, y como explicación de este segundo grabado no estará de más recordar que el tabaco es una planta de la familia de laí solanáceas, vivaz en América y anual en la mayor parte de los países europeos. Sus raices son ramificadas y fibrosas; la central es gruesa y penetra en la tierra perpendicularmente; el tallo alcanza á veces dos metros de altnra; es recto, cilindrico y hueco, con ramas c- ubiertas de grandes hojas: éstas, de color verde pálido ó verde amarillento, son alternas y lanceoladas; las fli res son rojizas ó amarillss, dispuestas en panojas terminales de agradable aspecto; los Irutos son oblongos y membranosos, formando una caja que encierra infinidad de m e n u d a s semillas; según A. Karr, cada pie de planta de tabaco contiene 800.000 granos ó simientes. Nace el tabaco en Cuba á los ocho ó diez días de sembrado, y á los cuarenta y cinco ó cincuenta se encuentra por lo r e g u l a r en disposición de trasplantarse, de modo que se haga esta operación cuando la planta t nga desde cuatro á ocho hojas y con alguna consistencia en el tallo. Así queda formada la vega, cuyo crecimiento y desarrollo exige cuidados exquisitos. A los ocho ó diez días de la plan- UN TABACAL FiAog Pí tación se reponen las posturas que se hubieran perdido, y diez ó quince días después se arropa ó arrima la tierra á las plantas, guatequeando el terreno, cubriendo los suicos (por lo cual esta operación se llama tapar el nurco) y peí? siguÍ 6 udo des le el primer momento al cachazudo y demás insectos destructores d é l a planta. Algún tiempo después y á medida que la mata crece, se vuelve á repetir la operación de labrar y recalzar el pie de la postura, procurando enterrar las dos hojas primeras para mayor seguridad de la planta contra la fuerza del viento. Cuando la planta tiene media vara de altura se vuelve á guatequear y arrimar tierra desmenuzada al pie de la planta, verificándolo con cuidado á fin de no dañar las raíces y el tallo ni maltratar las hojas. Estas continuadas labores, que son m u y beneficiosas para el crecimiento j lozanía del tabaco, así como para la destrucción de los insectos, praetícanse en los días despejados á la calda de la tarde, durante todo el día en los nebulosos y algo húmedos, pero nunca cuando por lluvias excesivas el terreno esté pesado. Para destruir el gusano, al guatequear los sitios inmediatos á las plantas ha de mirarse con mucho cuidado, porque allí es donde existen los gérmenes y los insectos dañinos á quienes de continuo hay q u e perseguir. La yerba que en estas labores se arranca se saca del tabacal y después de seca se quema en las labores del plantío, qué se mantienen siempre limpias de maleza para evitar que sean albergue de los insectos y sus larvas. Poco después de esta tercera labor adquieren los tabacales su más lozano crecimiento, que se llama en C- ahs, platear, presentando las hojas u n hermoso color verde más obscuro en la parte superior y más claro en la inferior, las que en u n día de sol, movidas por el viento, presentan u n agradable aspecto de vistosos y lucientes reflejos tornasolados. Cuando la planta adquiere todo su desarrollo, manifestándose la florescencia, se verifica la operación de desbotonar ó suprirnir el cogollo de c i d a planta cortándolo con las u ñ a s C o a esta supresión ó despinzamiento, que es u n a verdadera poda, se hace refluir hacia las hojas la savia y demás sustancias que producen la nutrición de la mata; así es que.