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propósito de seguir la tradición gloriosa de la historia del Principado, creando u n a J u n t a regional que auxilie al Gobierno en las azarosas circunstancias presentes. Asturias, cuna de la Eeconquista y cuna también del movimiento de nuestra independencia á principios de siglo, dio ejemplo de virilidad con esta Junta del Principado, que funciona desde el dia 4 del corriente bajo la presidencia de su dignísimo prelado. He aquí los elocuent es párrafos con que el señor Martínez Vigil se dirigió á los vecinos de Oviedo: Ante el peligro de la patria todos somos soldados, y la patria peligra boy en su integridad y acaso esté amenazada de algo más grave. De este rincón de España salió el primer grito de la Eeconquista en tiempos más aciagos que los presentes, y aquel grito resucitó á España; aquí se alzaron pendones contra el capitán del siglo, y España arrojó más allá de sus fronteras al vencedor de toda Euro pa; aquí, finalmente, se formó hace pocos años el batallón de Covadonga, que se cubrió de gloria peleando por la patria en esa Cuba que hoy demanda de nuevo nuestros auxilios. Y se los debemos, señores, se los debemos con deuda preferente á la que tienen otras provincias, y ved por qué no he vacilado en convocaros. Cuba es algo especialmente nuestro; apenas habrá uno de entre vosotros que iio la haya regado con su sangre ó con sangre de los suyos, que no tenga allí sangre viva ó sangre muerta, ampaiada hasta hoy por la banderado la patria, expuesta mañana á s e r MAKTINEZ VI IL, OBISPO DE OVIEDO profanada por esos mambises, violadores de sepulFütog. Fernando D baa turas. Los acuerdos tomados por. la reunión, á propuesta, del obispo, fueion los siguientes: 1 Designación de una J u n t a del Principado que represente a l a provincia ante el G- obiórno, con objeto de cooperar á la pacificación de Cuba. 2. Abrir una suscripción de presente y una suscripción mensual en Oviedo, y su provincia y entre los asturianos que viven fuera de ella. 3. Dirigir u n telegrama al Gobierno comunicándole la constitución de la J u n t a y ofreciéndole su cooperación. Ei Padre Lerchundi El domingo pasado falleció en Tánger el Eeverendo P a d r e F r a y José Lerchundi, prefecto apostólico de las misiones catóUcás españolas en Marruecos, y u n a de las figaras españolas más eminentes del presente siglo. Cuando la historia depure bien los hechos y sea conocida por todos la incesante y provechosa labor realizada por el irreemplazable misionero, se podrá apreciar en toda su extensión la magnitud de la pérdida. Ahora sólo puede llorarse su repentina muerte, ocurrida á los sesenta y u n años, cuando se esperaban todavía grandes resultados de sus incesantes propagandas de caridad y de su inextinguible a m o r á España y á la respetable Orden Eranciscana, de la cual era honra y prez. El Padre Lerchundi fué destinado á Marruecos poco después- de la guerra del 60, y desde su llegada se dedicó principalísimamente al estudio del árabe, que llegó á poseer con rara perfección, según acreditan su excelente gramática y no menos estimable vocabulario de dicha lengua. Debámosle también la creación de tres iglesias católicas en Tánger, el fomento de las misiones españolas en Marruecos y otras muchas obras en pro de nuestra patria. Merece especial mención la saludable influencia que de algunos años á esta parte ha tenido en el mantenimiento de las buenas relaciones entre España y el Gobierno del Sultán, las cuales importan mucho á los intereses de las dos naciones. Las simpatías que el Padre Lerchundi contaba entre la diplomacia y el pueblo todo tangerino, pusiéronse de manifiesto con motivo del fallecimiento de tan ilustre franciscano. Su cadáver, depositado n la iglesia del convento, fué visitado por multitud de fieles; las banderas de España, P o r t u g a l y el Brasil ondearon á media asta, y el obispo de Gibraltar salió para Tánger con objeto de presidir los funerales del virtuoso sabio, á quien tanto debe la patria.