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La beligerancia Sigue siendo el asunto del dia y margen de todas las manifestaciones populares que sin solueií n de continuidad vien e n celebrándose en todas las capitales de España. El Gobierno lia cerrado las Universidades y ha declarado de hecho en servicio permanente á. las fuerzas de la Guardia civil y de Orden público; m a s l a excitación popular no lleva trazas de calmarse mientras las críticas circunstancias por que atravesamos no se resuelvan en sentido belicoso ó en sentido pacifico. De todas maneras, el espectáculo de u n pueblo lanzándose á la calle día tras día protestando de los ultrajes inferidos al decoro de la nación, n o podrá menos de influir favorablemente, -tanto en las simpatías que á E u r o p a inspií a nuestra causa, como en el Gobierno y las Cámaras norteamericanas, que podrán ver en el pueblo español al pueblo valiente, arrojado y pundonoroso de siempre, á quien no en balde se escarnece y ultraja. E n nuestro n ú m e r o pasado ofrecíamos como nota de información la vista exterior del Capitolio de Washington, donde el Senado norteamericano celebra sus sesiones; en el n ú m e r o presente ofrecemos al lector el retrato del senador que más so ha señalado contra España por la ligereza de palabra y la perversidad de las intenciones. Es Mr. J h o n Sherman presidente de la comisión de Eelaciones Exteriores en el Senado norteamericano, y autor de la famosa proposición de beligerancia, aprobada ya por el Senado y por el Congreso y en expectativa tan sólo de la decisión presidencial. Sherman es hermano menor del general del mismo apellido, que en la campaña del 64 no se distinguió ciertamente por la humanidad ni por la alteza de miras. Nació (el senador) en Ohio en 1823, y elegido senador en 1861, ha continuado siéndolo hasta la fecha por sucesivas renovaciones en el mandato de sus electores. En 1877 fué secretario del Tesoro con el presidente Hayes, y trabajó por la extinción de la deuda pública. De 1885 á 1887 fué presidente del Senado, y ha publicado varios discursos bastante soporíferos -acerca de asuntos bursátiles y tarifas de comercio. En la actualidad, como decíamos, preside en el Senado la comisión de Eelacior nes Exteriores. Sherman y Morgan son los dos senadores que más se han distinguido hablando contra España con u n a fogosidad impropia de sus años y ridicula ciertamente. Basta reproducir algunas de las frases ampulosas y cursilonas pronunciadas por Mr. M o r g a n en el Capitolio: rSi este acuerdo que proponemos n o libra á la Isla de las garras de España, la próxima la librará, y si n o la que siga después de ella. Y Cuba se levantará entre las peanas de las naciones, libre, soberana é independiente. EL SESADOB YAKKEE MR. SHERMAN España lo sabe. Pero preferirá perder á Cuba bajo la punta de la espada en unaluetia con los Estados Unidos, que cedérnosla por dinero ó dar la independencia á les cubanos. España nos agradecería que se la tomáramos con la p u n t a de la espada. Pues bien; nuestro deber es desenvainar la espada, ponerla sobre la mesa y decirle á España: Si la quieres, tómala. ÍTo ha habido periódico español que no haya acogido con burlas la necia frase de Mr. Morgan, campeón cursi de ese jingoísmo (fanfarronería) que pudiera costar caro á una nación rica, eso sí, opulenta y adelantada, pero mil codos por debajo de España en punto á poderío militar, y sobre todo á la calidad del Ejército. A u n q u e en los últimos días se ha moderado algo la fiebre antiespañbla de los yankees, es lo cierto que el Congreso de aquella nación ha hecho suya la proposición del Senado, que Ja piensa casi en su totalidad arrecia sus ataques contra España, y que las turbas estudiantiles han quemado nuestra bandera y nuestro escudo. Hermoso contraste que oponer á tan groseras vociferaciones de u n pueblo que se llama culto, son las robustas y significativas protestas de todas las ciudades españolas, los ofrecimientos generosos hechos a l Gobierno español por todas las clases sociales de nuestra patria, los aprestos belicosos y ordenados en los ministerios de la Guerra y de Marina, y la proposición u n á n i m e de todos los navieros á a r m a r en corso sus buques mercantes. Y en esta general protesta de toda la nación conviene mencionar especialmente la patriótica iniciativa del obispo de Oviedo Fray E a m ó n Martínez Vigil, cuyo retrato ofrecemos al lector y cuyas elocuentes frases ha repetido con elogios toda la prensa española. El obispo ovetense reunió en su palacio á todos los vecinos y personas significadas de la ciudad y les manifestó su.