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como el establecimiento del servicio oficial de Correos, acuñación de moneda, creación de Bancos, estadios para- caminos de hierro, etc. etc. Buena prueba de que el Estado de Abisinia no es nación atrasada y salvaje, es el sello de correos que insertamos en esta página, y en el cual aparece la efigie del emperador Menelik, organizador de este servicio asi como de otros muchos adelantos qoe someramente acabamos de mencionar. Sin embargo, todo este movimiento, al parecer inofensivo, no era más que u n a serie de preparativos silenciosos contra la invasión italiana, favorecida é- impulsada por la política de Crispi, que, como sabe el lector, acaba de caer ruidosamente del poder con motivo del reciente desastre de Adoua, cuyo campo, hoy regado por torrentes de sangre italiana, es el segando grabado que acompaña á estás- líneas. Cuando el año pasado el general Baratieri, jefe del ejército expedicionario en Abisinia, recibió de M. Crispi la orden de avanzar contra EL GEXEIiAI, HAKATIElil EI. GUNEKAl. ELI. EXA los olioanos, M e n e l i k contaba nada menos que con 275.000 hombres porfeetamente instruidos. armados y prontos á acudir al llamamiento guerrero de su emperador. Este llamamiento se lanzó el 20 de Septiembre en poética forma, que jiierde mucho con la siguiente traducción: Oid, oid. Quien pierda el oído es enemigo de nuestra fe y de nuestra j a t r i a Oid, oid. Quien jiierda el oído es enemigo de nuestro señor Moneiik. Oid, oid. Quien pierda el oído es enemigo de la Virgen María. Menelik I I en efecto, es u n soberano cristiano y católico. Desde el campo de batalla de Amba- Alaghi escribía el 15 de Diciembre último: To enperaba evitar la efusión de sangre cristiana. La Italia lo ha querido. Dios nos ha dado la victoria. Seguimos nuestro relato diciendo que el primer llamamiento de Menelik ordenaba á sus tropas que estuvieran todas sobre el lago Ascianglii, á Sesenta kilómetros de Amba- Alaghi, el 6 de Octubre de 1895. La Etiopía se alzó como u n solo hombre á la voz de su emperador, y comenzó para el ejército de Italia una serie de jornadas desastrosas. El 6 de Diciembre los italianos eran derrotados en Amba- Alagbi, el 15 de Enero obligados á capitular en Macalló, el 29 de ITebrero tenía lugar la espantosa derrota de Adoua que motiva estas lineas, y que significa u n golpe gravísimo eti el poderío militar de Italia y u n problema para la vida ulterior de la Triple Alianza. Vengamos á la batalla de Adoua. Después de la capitulación de Macallé, italianos y abisinios parecían haber aceptado u n armisticio tácito. E l grueso del ejército de Menelik estaba acampado en Adoua y en sus alrededores; las divisiones italianas, por su parte, permanecían inmóviles entre Adoua y Aligrat, esperando la llegada de anunciados refuerzos. Menelik tenia en torno suyo 120.000 abisinios, de los cuales 40.000 eran fuerzas de cabiüeria; el general Baratieri tenia á sus órdenes 17.000 hombres del ejército italiano y 9.000 asearis, ó sea indígenas al servicio do Italia. Por fin, el 29 de Febrero el general Baratieri inició u n ataque cuyos efectos no pueden ser más desastrosos para Italia. Los primeros despachos acusaban tres generales mueitos, diez mil hombres s jbre el campo de batalla, sesenta cañones, dos banderas y el campamento entero del ejército italiano en poder de los abisinios. El relato oficial no daba cifra pero era también desconsolador: No hay noticias de la brigada Dabormida, n i de los generales Arimondi, Albertone ¿Qué había pasado? En la confusión de los telegramas no era fácil formarse idea completa. SELLO ABISrXIO Encerrados en caminos estrechos, separados por escarpadas rocas DE COMUKICACI Xi; S donde los diversos cuerpos se perdían de vista á cada instante, los generales Dabormida, Arimondi y Albertone fueron envueltos por u n enemigo cuya superioridad numérica era acompañada por un eonooimiento perfecto. del terreno. La desmoralización cundió en los invasores, y hasta los hersagl vi encargados de ocupar las alturas abandonaron tan ventajosas posiciones. Cuando se tocó retirada era ya tardé; el ejército huía en todas direcciones, y los generales Baratieri y Ellena, supremos jefes del ejército derrotado, fueron separados por u n hábil movimiento del enemigo, y no volvieron á encontrarse basta Ali- Caid, á cien kilómetros del lugar del combate. UN GUEHEERO CHOANO