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Un Gobierno c ue disolvió las Cortes, ¿cómo n o ha de disolver con mayor facilidad el primero, el segundo y todos los grupos universitarios? A bien que, a u n q u e parezca que no, harto hace el Gobierno en pro de la enseñanza, porque al cabo y al fin la letra con sangre entra, y muchas cabezas cerradas hasta ahora para la enseñanza científica quedan de hoy más abiertas á los cuatro vientos. Las batidas de la clase escolar, ¿no podrán ser el comienzo de la persecución electoral contra los fusionistas? Porque no olvidemos que Escolar es el segundo apellido del jefe de los liberales. L a Cuaresma, en fin, va deslizándose p a r a el pueblo con las espinas de costumbre; para la autoridad, con la bula más absoluta y completa. Si la mitad del celo desplegado por nuestro Gabinete en reprimir los vivas á la patria y las ovaciones á la bandera, la emplease el gobierno de Washington en atajar la lengua de sus senadores y reprimir los disturbios de por allá, ya no existiría el conflicto, ni Sherman que lo inventó. i- ero de todas suertes, bueno es que comprendan los yankees, por los palos que España da en su casa, los que estará dispuesta á dar en la casa ajena. Todo depende hoy de la actitud que tome ó deje de t o m a r Mr. Cleveland, á quien habrá que llamar Mr, Veío, como llamaban los franceses á Luis X V I Su silencio resulta de seguro más barato á las agencias y á los diarios que los discursos dol Senado yankee, porque hasta ahora no se ha elevado la tarifa de los tácito- gramas. El tío Sam empuja al presidente para que siga la senda del jingoísmo, que abrieron con sus lenguas de hacha Morgan, Sherman y otros tales; mas según parece, Mr. Cleveland no quiere proctder de ligero y trata de enviar u n a comisión informadora á la luanigua. ¡Una comisión! ¡Oh diplomática perspicacia la del jefe del Estado yankee! Si las comisiones norteamericanas son lo mismo que las comisiones españolas, y a pueden los insurrectos esperar sentados su beligerancia. Y esto si que es imposible, porque el alma de la insurrección es el alma de Gaiibay, y su Gobierno u n Gobierno nómada, y sus cabecillas unos ilustres recordman á quienos nadie bate el record del separatismo. Creo, por consiguiente, que si Mr. Cleveland trata de enviar comisionados al campo insurrecto, no debe pensar en diputados n i en generales del ejército yankee, sino en los mejores andarines ó en los más reputados velocipedistas de los Estados Unidos, pues serán los únicos que puedan seguir la marcha acelerada del oliino errante y la carrera dp obstáculos de ese Gobierno de caballería con escape de áncora. Mientras Cleveland aguarda los resultados de esa información sobre el terreno, es seguro que pedirá también informes á Mr. Taylor del estado de la opinión y del pueblo de Madrid. Y Mr. Taylor, que por vivir en la plaza de las Descalzas está muy cerca de u n a tahona, podrá telegrafiar que no está el horno para bollos. Triste idea de nuestra riqueza nacional se formará también M r Taylor viviendo como vive tan próximo al Monte de Piedad; pero no en balde España es la patria del g e n e r a r JVb importa, y si el embajador norteamericano se asoma al balcón á altas horas de la noche, verá al nobilísimo marqués de Pontejos revolverse en su pedestal, sonar la hucha que tiene al lado y probarse á sacar de ella hasta el último céntimo para defender esa chonra nacional! incomprensible para el pueblo adorador del becerro de oro. Luis ROYO VILLANOVA Dincjoa BK CILLA