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Y entre burlas y veras, el mozo, sin resolv; rse á ponor en práctica su pensamiento, va pisando con p r i m o r las ohinitas del camino como si atravesara sobre sitios encharcados, y de vez en cuando saca el pañuelo y sacude el polvo á los chapines por los tres cercos de clavos que lleva el mozo en cada suela. Asi andando y andando, y con más cuidado puesto en su traje que en su persona, Reco e n t r a p o r fin en la p r i m e r a calle del pueblo, que como está empedrada de p u n t a á p u n t a y como el mozo levanta sobre las piedras u n descomunal ruido á cerrajería, alguien se asoma á las v e n t a n a s para ver pasar la caballería, que por t a l le vende su propio pisar y el ruido que mete con los clavos. Empero todos estos contratiempos tienen su compensación, porque enfilándose el mozo con el ancho patio que en el fondo de u n a casa se abre bajo el verde cor o n a m i e n t o de una parra, atisba lo primero á la luciente estrella de sus sueños, que sentada en u n a silla y con la vista fija en el suelo aguarda la presencia del novio, j a presentida por los pasos; y sin decir oste ni moste, cuélase el mozo de rondón casa adelante y llega icerc. a de su dulce dueño. Hay e n t o n c e s una sonrisa de paparreLa por parte de él, sonrisa frescota y á la b u e n a de Dios, y otra sonrisa de p a r t e de ella, que sin, abrir siquiera los labios y sin a p a r t a r la vista del suelo parece como que quiere dibujarse en su boca; y cambiados que son estos. dos saludos, crúzanse otros de palabra, quo son: ¡Dios te guarde, cara e sol! ¡Vt U con Dios, r o s a trompana! -y Eeco toma asiento á cinco varas de distancia de su n o v i a y empiezan las maniobras del primer cigarro, sin siquiera salir en toda la tarde u n a p a l a b r a más de sa boca. r Ir E n seguida comienzan á salir tiros de saliva de los labios del mozo, al cual parece no le h a llevado al lado de su A novia sino el deseo i n a g u a n t a b l e de escupir. Cuanto á la moza, da principio asimismo al b a r r e n a m i e n t o de la mirada, siempre fija en u n punto de la loseta quo se halla cerca do su asiento. Algun a vez desvía los ojos hasta ponerlos sobre los zapatos del novio; poro asustada do la temeridad, vuélvela al sitio anterior, que por milagro no empieza todavía á dar señales del b a r r e n o Ejem, ejem! suele decir de vez en cuando Eoco mientras sé entretiene en liar u n huevo cigarro, con el cual deja i poco á su novia e n v u e l t i en u n a asfixiante nube de h u m o En t a n t o q u) todo se lo c a l l a n los novios, las gallinas del corral que v a g a n en t o r n o de ellos hacen, por el c o n t r a rio, excesivo uso del cacareo, y á la vez que el Beco de la b a n d a d a eleva la cresta y sacude las alas p a r a mostrar toda su fuerza y bizarría, los jilgueros entablan sus r e y e r t a s dentro de las j a u l a s las perdices se dan con. el pie por medio del llamamiento; y un enjambre de insectos forma invisible b a n d a do música volando en torno do la p a r r a y dejando oír los penetrantes quejidos de su voz. Dijérase que c u a n t o goza de p a l a b r a p a r a expresar su pensamiento pone p a r t i c u l a r empeño en hablar h a s t a por los codos, 4 difere icia del maldito novio, que cuando al fin mueve los brazos y estira las piernas- como para dar muestra cumplida de su locuacidad es solamente que desea sacar la petaca del bolsillo p a r a liar el quincuagésimo cigarro. Así t r a n s c u r r e n las horas, así la tarde declina, y así llega la noche. L a oculta familia de la novia ruega al cielo y á la tierra quo el novio se levante y se despida; pero éste coge la noche por la punta, y sin variar do postura, se dispone á pasarla sentado al lado de su dueño. Quien deseara escuchar en el silencio de la noche el diálogo de los dos a m a n t e s y sorprender sus pensamientos, sólo podría oir e n t r e la sombra el metal de voz del novio, que de vez en cuando dice, disparando tiros de saliva y cambiando de postura la o jíVoí ¡Ejem, ejem! SAÍ. VADOK DIBUJOS DK, SIMANCAS R U E D A