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MADRID DE NOCHE UNA SALA DE ARMAS M 3 Los transeuntes madrileños que en las primeras horas del anochecer cruzan la calle de Alcalá y se internan por la de Cedaceros sorteando el peligro de los carruajes que á t o d o escape vuelven del Eetiro, pueden contemplar u n espectáculo extraño á través de las vidrieras de n n piso principal que hace esquina entre las dos calles. La luz de aquel interior atrae las miradas del curioso, que siente convertirse en asombro su curiosidad al ver distintamente atléticas figuras humanas lanzándose unas contra otras en furiosa saña con tremendos sables ó agudos floretes en la mano. Y sin embargo, allí no hay nada terrible, nada peligroso, nada ilegal; la simpática sala cuyo interior ofrecemos á nuestros lectores, y cuya manifestación exterior tanto puede impresionar al transeúnte provinciano, es á pesar de su bélico aparato algo más útil, más higiénico, más loable que esas otras misteriosas salas que á la misma hora y por el mismo céntrico barrio también dan su luz hacia la calle, arrojando á ella las imágenes de algunos caballeros rodeados á una mesa tenuemente iluminada por doble lámpara de pantalla verde. Trátase de una sala de armas, la popularisima de Pedro Carboñell, á la cual concurre todas las noches lo más florido y granado de la j u v e n t u d madrileña, bien necesitada de dedicar al músculo y á la salud del cuerpo el tiempo necesario para que la h u m a n a y compleja máq uina del hombre no so desequilibre con el continuo trabajo cerebral que exige la vida de la corte. La ciencia, el estudio, la literatura, el trabajo de bufete en todas sus formas absorbe la actividad j u v e nil. Necesario es que el cerebro no ss desarrolle á expensas del músculo, y de ahí la utilidad de los deportes higiénicos, y especialmente del deporte de la esgrima, único que hace trabajar á todos los músculos. De ahí que si al Eetiro se le llama el pulmón de Madrid á las salas de armas bien podemos llamarlas su musculatura La sala de armas de Carboñell es, como ve el lector, amplia, espaciosa, decorada con elegante sencillez, sin barrocos recargos de mal gusto. El momento en que la ha sorprendido nuestra instantánea es de los más hermosos y culminantes en la esgrima madrileña. Dos maestros do verdad, Pedro Carboñell y el marqués de Heredia, han empuñado los floretes, y puestos en guardia dirigen sus armas uno contra el pecho del otro. Todas las reglas dificilísimas del florete se ponen en práctica por ambos con la agilidad, la soltura y la elegancia propias de quienes son acaso los primeros floretistas de Madrid, y en tanto el simpático grupo de discípulos, bien impuesto ya en la teoría de la esgrima, aprende en el combate de los maestros los detalles y perfiles del arte, la precisión en el ataque, la vista certera, la soltura y elegancia, la manera y el estilo, el fin, que es lo c ue busca el neófito y trata de sorprender en el maestro. La sala de armas de Carboñell está magistralmeute organizada. Son presidentes de ella los señores m a r q u é s de Villalbos, marqués de Vallecerrato y marqués de Heredia; vicepresidentes, D. abriel Pernández Cadórniga, D. Felipe W e r n e r y D. Vital Aza, coya envidiable estatura destaca en el fondo de nuestra fotografía. El i. de Noviembre de 1894 se inauguró la sala, y desde entonces su animación y vida crecen con visible progreso; de tiempo en tiempo se organizan magníficos asaltos, ya en la sala, ya al aire libre, dando lugar á jiras animadísimas y memorables expediciones al campo. El año pasado Athos de San Malato tuvo en la sala de Carboñell el principal teatro de sus éxitos, y dentro de poco dará en ella notables asaltos el famoso Pini, cuya venida á Madrid está m u y próxima. Ltiis B- F E M E Í O Potografia de M. Framen, hecha expresamente vara BLANCO Y NBGRO.