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-Dígale usted al corazón que no sea embustero, abuela. El mío que, como más joven que es, tiene mejor vista y mejor oído, me dice que mientras la Virgen, cuya imagen lleva, le resguarde, Migael no correrá n i n g ú n peligro grave. Antonia no dijo nada á la abuela, para evitarla el disgusto. Lo sabía, sin embargo, cuarenta y ocho horas antes de que u n indiscreto contase á la viejecita que habían herido á Miguel en la acción del- -Estos días más ha vivido usted sin la a m a r g u r a que hoy pone en peligro su vida, le dice Antonia sollozando m á s que la anciana- Y además, ahora que y a puede usted, y si no puede debe oírlo, mire usted: figura su nombre entre los heridos leves. -Pero esas son noticias del primer momento, incompletas a ú n ¡Quién sabe si! -Tiene usted razón; quién sabe si no estará herido. ¡Oiga usted, madre! ¡Un extraordinario! E n seguida subo. al núm. Habana: Urgente. La acción fué u n triunfo completo para nuestras a r m a s Las tropas se batieron con imponente arrojo. Los rasgos heroicos, i n n u m e r a b l e s Descuella el realizado por el cabo Miguel Sopeña rescatando á bayonetazos la bandera del regimiento, que por m u e r t e del oficial que la conducía cayó en poder de u n grupo de mambises. B l valiente soldado luchó largo tiempo, hasta que ya en salvo la sagrada enseña, y él jadeante, medio desnudo y medio muerto de fatiga, u n golpe de machete acabó de rasgarle el capote por el pecho, hiriéndole extensa, pero levemente al parecer. El insurrecto que le agredió sucumbió al disparo de revólver de un oficial, y recogido el machete como trofeo glorioso, se vio atravesado en su pujita u n pedacito de tela de color violeta con pespuntes blancos. Era u n pequeño fragmento de u n escapulario que el cabo Miguel llevaba en el pecho, y que los iacultativos opinan embotó, arrollándose (asi aparecía al curar al. hprido) la cuchilla. Bompió ésta u n extremo do la sagrada tela, hiriendo á lo largo, sin profundizar el cuerpo del soldado. Los jefes lo abrazaron en el campo. I r á propuesto para una g r a n reconipensa. j H a n transcurrido muchos días, y al fin trae de nuevo el correo carta de Miguel. Aquellas lineas, escritas con pulso vacilante, acusan u n a gran alegría. La Virgen me ha salvado, dice, la Virgen del Pilar Sautísima, que nunca me abandonó. Dentro de la carta viene el escapulario milagroso, que ya es reliquia. La oilra blanca de la Virgen, la hermosa M, aparece salpicada de puntitos rojos. En u n extremo falta el pedacito de que hablaba el Exh- aordinario. Todavía tardará Miguel en ser alta en su regimiento. La herida va bien, casi no es nada dice, pero está enfermo y está débil. Mientras dura sú reclusión, quiere y lo pide con urgencia que su madre y su novia arreglen el escapulario, aunque quede feo, añade, a u n q u e se le conozca la cicatriz, como á mí se me conocerán Y como anuncia su esperanza de ascender en seguida á sargento, quiere que el oro de esos galones tan deseados brille antes que en las mangas de su capote en el escapulario; que sea en primer término ofrenda á la Virgen. Para esto encarga que Antonia sustituya el hilo blanco de la cifra con u n bordado á realce de hilillo de oro. Lo que gasten en: eso él lo mandará en seguida, que del plus de campaña no ha gastado apenas. Acaba la carta pidiendo que se lo devuelvan cuanto antes así arreglado, para que no le falte el día que reingrese en las ñlas. -Ponle mucho oro, hija mía, mucho, a u n q u e hasta que Miguel envío dinero no cenemos; mucho, para que resista mejor á otro ataque; mucho, que todo es poco si ha de pesarse en él m i gratitud á la Virgen. ¿Ve usted, madre, cómo el escapulario le ha salvado? ¡Nada valen las corazas de acero j u n t o á éstas de tela blindadas por la fe y por la esperanza! ¡Bendita seas. Virgen de m i alnia! ENRIQUE SEPÚLVEDA Extraordinario Ddiiung D MÉNDIIZ BHINQA X CUENTOS BATÜKEOS, POR GASCÓN PlAZA BironGS -1 Una tercera pa Calatiyiul! -Corremos muclio, jverdá? ¡Que si corromosl Lo menos ottamos 4 ssis leguas de aqni.