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dice; y no han tenido las tropas más que dos bajas, ¡pobreeitos! y aqui vienen los nombres, y no es ninguno, gracias á Dios, el de Miguel ¡Anda, anda, ayer otra acción! pero no tomó parte nuestro regimiento. ¿Lo e usted, madre? Ya lleva Miguel muchos meses por allá, y a u n q u e no ha vuelt á escribir, porque de seguro no tiene tiempo, no le ha sucedido n i n g u n a des racia, y ¡habrá matado ya más negrazos! El cartero trae carta de Miguel. por todas pa nox. o ponen los papeitj que e llevan mucho tiempo en el bolsill ¡Carta de Miguel, abuela: giiia Antonia. Deje usted esas hilas y acerqúese bien para oiría: Madre querida: hace once días que tengo empezada esta carta, y hasta hoy no he podido acabarla y mandarla. ¡Qué habréis pensado tú y Antonia de mi silencio! Nos hemos batido mucho, y hasta ahora con pocas bajas. Pero estas pocas ¡qué tristeza producen! Los jefes me distinguen. iNo conoce el miedo ese muchacho dicen al verme avanzar resuelto y erguido; y es que yo me creo seguro cuando noto la presión del santo escapulario del Pilar, que el sudor de la ruda faena adhiere á veces á como aquellos parches q nías de niño cuando teni Gomo los militares hac sangre la carrera, y yo deseo ascender p r o n t o casi me alegraría de recibir u n golpe, una h e r i d a no grave (grave no, porque quiero volveros á ver) que, acompañada de algún acto meritorio, c a m b i e mis rojos galones de cabo, que desde que me bato me parecen de color de sangre, por los brillantes de sargento, que tienen el color dorado de las ilusiones que acaricio. Si viviera m i padre y m e viese pelear, creo que le compensaría la pena que le produjo el no poderme redimir de quintas por aquel cambio de fortuna que nos dejó en la miseria. Yo, íf. a madre, te j u r o que hoy que respiro este ambiente de santo patriotismo y de heroico valor, no cambial ia mi puesto de cabo de la 2. del o3. por la carrera que empscé y no pude terminar. Mañana dicen que habrá una gran batalla. Cuando salgamos al fttegb besaré, como todos los días, la imagen de la Virgen, y ¡adelante! Adiós, madre; adiós, Antonia. Os abraza vuestro r ¿No era ayer cuando, según la carta de Miguel, debieron tener combate? -Si, señora. ¡Ay, Antonia! El corazón m e dice que en esa acción se ha desgraciado nuestro pobre Miguel.