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POETAS DE LOS CANTARES TEODORO GUERRERO Aquella tarde, en la playa, eterno amor nos j u r a m o s lo escribimos en la arena, y las olas lo borraron. El amor, a u n q u e soy viejo, tiene en mi pecho u n altar. Bajo la nieve del monte suele esconderse u n volcán. Caminito del cielo van nuestras almas; por tu culpa, sus puertas están cerradas. ¡Ay! ¡No sé lo que me pasa! Ya comprendo mi impresión: es que ayer dejé en t u casa olvidado el corazón. Cuando las cuerdas hieres de t u guitarra, el corazón me late y se me escapa; pues son t u s cantos notas del alma mía, que está llorando. Como n o piensas en m i no sabes lo que es penar. ¿Para qué te conocí? ¡Ay! ¡Quién supiera olvidar! Como el agua de los ríos siempre corre hacia la mar, así las lágrimas mías á t u corazón se van. Si no cura u n a pasión, ¡qué pobre es la Medicina! ¿Cómo se arranca una espina clavada en el corazón? Cuando v o y á t u casa ando de prisa; me empujan la impaciencia y la alegría. T cuando salgo, voy sintiendo la pena de u n desengaño. Siempre que te estoy mirando, estoy para mi diciendo: ¡Qué triste es vivir sufriendo! ¡Qué hermoso morir amando! Llorando en el cementerio por la mujer que adoré, su voz me dijo: No llores, que aquí soy dichosa. ¡Ven! Niña, parece imposible que con rostro t a n hernioso haya en t u pecho u n a sierpe y u n basilisco en t u s ojos. DIBUJO DK FEDERICO Como dos árboles somos que la suerte los separa: ponen por medio u n camino, pero se j u n t a n sus ramas. E n el cristal de t u s ojos antes vi fija mi cara; hoy te miro, y allí encuentro otra cara retratada. Siempre que nos separamo. nuestro llanto lleva el m a r entre las olas que vienen y entre las olas que van. Me engañas, pues v i en la playa do tus zapatos las huellas, y otras vi, j u n t o á las tuyas, de unas botas con espuelas. Cuando t e encuentro en la calle, me niegas u n a mirada; ¿no son tus ojos los mismos con que ayer m e devorabas? ¿Me dices que soy viejo para quererte? Niña, los corazones n u n c a envejecen. TBODOKO GUEERERO