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r Vinieron las quintas y sé llevaron á, dos hijos del pescador; casóse otro, y por intrigas de su mujer riñó- con ios padres, y la Camarona quedó sola para remar, ayudando al patrón, ya viejo, en la lancha desbaratada por los golpetazos y las crujías. Hubo que contratar á u n marinero, dándole parte en lances y ganancias y el mozo, que se llamaba spirar profundo cada vez que ona inclinada hacia el remo o para pujar firme. que la Camarona era entonsdazo de chica. Imaginadla cesta de sardinas en equili ¡a; su saya corta de bayeta jaderas forma u n rollo; sus ñas desnudas; su gran boca herida en u n coral; sus diená manera de guijas que las ígros ojos pestañudos, frantez de ágata bruñida por el mares. La salud y la fuerza facciones y se delataban á e su duro cuerpo virginal, inieamente Tomás el marií suspiraba. También la per ¡o mayor de la fomentadora de conservas. Cada vez que llevar á la fábrica u n cesto el mozalbete á recibirla, y u n a esquina del cobertizo í pesca, la decía vehementes llores, la ofrecía regalos y m á s que risas y rabotadas, plamocos que le dejaba perirdina. de la Camarona llamó á su isterio; do la fortuna por las puer antestó ella desdeñosamente. n Camiljüo. b a de mí. o J) anfilona Para se casar. -Pues dígale que no tengo ganas. ¡Ahora, eso! Camarona nací y Camarona he de morir. Otras que la echen de señoras. A mi, si me hacen fondear en u n a sala, á los dos. meses me entierran. -Dice que te pondrá coche, anímala, bruta, -gritó enfurecida la madre. -Mientras no me ponga u n barco replicó impávida la Camarona, ignorando que al expresar este deseo se conformaba á los últimos decretos de la moda y del lujo: el yachí propio. Tanto persiguieron y apretaron los codiciosos padres, á la Camarona para que aceptase la suerte y las riquezas de don Camilito, que la moza, incapaz de resignarse, adoptó u n recurso heroico. Ella misma se explicó con el encogido de Tomás, que no la gustaba ni pizca, pero que al fia era cosa de mar, u n pescador como ella, empapado en agua salobre y curtido por el aire marino, que trae en sus ondas vida y vigor. Y se casaron, y la pareja de gaviotas se pasa el día en la lancha, contenta, porque al ave le gusta su pobre nido. El hijo que lleva en sus entrañas la Camarona no nacerá en el arenal como nació su madre, sino á bordo. DIBUJOS OE MARTÍNEZ ABADES V ¡y EMILIA P A R D O BAZÍN