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i Á OCHO DÍAS VISTA Kl Sena io i anícee. -Otra vez el fantasma de ¡Vfonroe. -David y Golíaih. -El pueblo y la política en España. La mala sombra de D. Antonio. -Su azoramteDto en la Caccía. -Erratas que vendrán. -En rail de mudos- -I- as consabidas declaraciones. Opinión de D. Pri- xedes. -La de Silvela y Cánovas Pangloss. -Don Emilio callado. Puede el baile político continuar. -Laspróximas elecciones. Con toda la brutalidad del rico avariento, con la grosera forma del advenedizo, con el cobarde proceder de quien injuria estando á muchas leguas del in. juriado, los senadores yankees han vomitado sobre España una porción de injurias y denuestos en la lengua que habló Syllok el mercader. Claro es que su dinero habrá costado al laborantismo arrancar esas injurias de aquellos labios y la declaración de beligerancia en aquel Senado de poUtieiens agiotistas y poco aprensivos, pero el hecho es que otra vez el tío Sam agita ante nosotros el fantasmón de la doctrina de Monroe con su famosa sentencia de América para los americanos letrero hipócrita baj o el cual la fotografía de los cuerpos opacos descubriría este otro: tAmórica para los yánkees. T El pueblo de España ha recibido dignamente al fantasmón ridículo y aparatoso con gritos, silbidos y pedradas, demostrando al Senado venal y poco escrupuloso que acaso le sobren al pequeño David dos piedras de las tres que lleva destinadas á la enramada frente del Goliath americano. Lo que con sangre española so ganó, j u s t o será que con sangre española so pierda; lo que y a no es tan j usto es que ol pueblo híbrido é indocumentado cometa la felonía de burlarse de otro pueblo q u e no necesita glorias futuras, porque ahito de glorias está y sabe lo que pesan y cuan poco duran. Todo lo espontáneas, robustas y admirables que fueron las protestas populares de Valencia, de Barcelona y de Madrid, fueron de estrechas y mezquinas, según costumbre, las manifestaciones de la política y señores del margen. Empezó nuestro D Antonio ¡lagarto! ¡lagarto! por dejarnos sin Poder legislativo cuando el Poder legislativo de otra nación nos infería las más graves ofensas que de palabra pueden inferirse á una nación amiga. Mala sombra, es verdad; mala sombra y no delito, como quieren los fusionistas; pero es que en tan elevadas alturas también debe haber responsabilidad para la mala sombra. (Me atrevo á brindar esta fraseoita á D. Francisco Silvela, y sigo adelante. Mala sombra en los cielos, en la tierra, en los generalesconspicuos, en los estadistas eminentes. ¡Por Dios vivo, que u o va á haber aquí fuerzas para resistir los continuos embates de la fuerza mayor! Claro es que D. Antonio se azoró como el primero, y buen testimonio de su azoramiento fué la famosa errata de la Gaceta al dar cuenta de la disolución de las Cortes; mas ello no hace sino agravar la situación del jefe- de los conservadores. Milagroso fué que no salieran las Gacetas sucesivas con erratas más lamentables y gordas que la primera, porque no está el tiempo para que los cajistas, n i nadie, conserve la serenidad; y quién sabe en qué condiciones componen los infelices cajistas de l a Gaceta, porque h a y quien dice que sus cajas se las llevó á casa Cos Gayón para comple, tar el encasillado. ¿Quién sabe si el diario oficial tendrá que dar todas l a s tardes u n suplemento, que gritarán los chicos en esta forma: El extraordinario á l a Gaceta, con la fe de erratas del número de esta mañana? Asi como así, necesitamos que el Gobierno tenga fe en algo. Con el decreto de marras supiimió D. Antonio las voces legales de la nación, y quiso acallar también las voces callejeras sacando del cuartel los consabidos tricornios del 14. tercio. i?