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El grabado que publicamos adjunto es u n a vista exterior de la opulenta morada donde han resonado t a n t a s y t a n groseras injurias contra los españoles. Es el Capitolio de Washington, ó palacio que sirve de residencia á los dos organismos parlamentarios del país: Senado y Congreso. El palacio del Capitolio está situado en una colina, como su homónimo el Capitolio de Eoma, y desde cualquier punto de la ciudad se apercibe, si no toda la mole del palacio, al menos la cúpula colosal, que como inmensa campana descansa sobre el edificio. E l emplazamiento del Capitolio marca precisamente el sitio por donde los geógrafos americanos hacen pasar su meridiano. Colocado, como decimos, el palacio sobre una altura, dominase desde él el curso del rio Potomao y u n a vasta planicie limitada por algunas colinas. En su parte exterior campean algunas estatuas, como la de Cristóbal Colón y la de W a s h i n g t o n Toda la parte interior está fastuosamente decorada con pretensiones de u n estilo de arquitectura indígena, en virtud de la cual los capiteles, frisos y platabandas tienen motivos de ornamentación tomados de la flora del país. A la otra extremidad de la larga avenida que conduce al Capitolio está situada la Casa Blanca, residencia oficial del presidente de la Eepública. Del efecto causado en Madrid y en las principales ciudades de España por el acuerdo inaudito del Senado norteamericano, tienen cuenta sobrada los lectores. Precisamente hoy hace ocho días los periódicos de la noche publicaban los I r i -fc- ff r TfT ¿r T i í- í c f; tW w LA LEGACIÓN NORTEAMERICANA EN MADEID cablegramas de SUS corresponsales, diciendo que la votación había sido unánime y acompañada de groseras injurias para España y de calurosos testimonios de simpatía para la insurrección. Desde ese día la situación ha ido agravándose, no ciertamente por culpa del pueblo español, en quien hubieran sido disculpables ciertos arrebatos. Pero en su sagaz instinto comprendió que la prudencia era mejor a r m a que los desbordamientos de la ira, pues claro es que los Estados Unidos n o buscan más que u n a ocasión que justifique ante la diplomacia ulteriores y más comprometidas determinaciones, permitiéndoles romper u n a guerra con el carácter do ofendidos. Comprendiéndolo asi también el Gobierno español, ha extremado sus medidas de precaución y hasta de r i g o r con las t u r b a s juveniles, que, después de todo, no hacen más que expresar el sentimiento de la prensa, del pueblo y del propio Gobierno. El foco de las precauciones gubernativas en Madrid es desde el sábado pasado la casa de la legación yankee, situa. da en la plaza de las Descalzas, esquina al. postigo de San Martín. El dibujo adjunto es u n apunte del n a t u r a l tomado por nuestro compañero Mota en la misma plaza de las Descalzas. Como se ve, y según dijo t a m b i é n la prensa diaria, la legación norteamericana está en el piso bajo, y á la altura de la mano de los transeúntes se encuentra el escudo que, por fortuna, ha sido respetado hasta ahora. Antes de estos sucesos todo era paz y sosiego en la plaza de las Descalzas, una de las más tranquilas de Madrid. El Monte de Piedad á u n lado, la Caja de Ahorros j u n t o á él; sobre los jardines de la plaza las estatuas, no de guerreros, de capitanes ni conquistadores, sino de figuras t a n sosegadas y paternales como el Padre P i q u e r y el marqués de