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CTUALII r DE La beligerancia wJ Cuando los efectos de una acción militar decidida y enérgica empezaban á dejarse sentir en el curso de nuestra campaña contra la insurrección de Oubaj el acto odioso é injusto á todas luces llevado á cabo por los senadores norteamericanos, y con menor saña, pero no con menos rapidez, por los diputados de la m i s m a nación, ha venido á poner ante los ojos de España toda la hipocresía y la púnica fe que ha imperado en nuestras últimas relaciones diplomáticas con los Estados yankees. Desde el triste expediente de la indemnización Mora hasta la ú l t i m a expedición filibustera salida de los cayos norteamericanos, en todo y para todo hemos guardado á los norteamericanos m a y o r suma, de consideraciones q u e las que su conducta mereciera; pero nunca vaciló n u e s t í a nación, con t a l de privar á los insurrectos de u n auxiliar tan poderoso y decisivo como el resuelto apoyo de los Estados Unidos, m a l oculto bajo u n a proposición de neutral beligerancia. Ni en el curgo de la guerra n i en la conducta de los ejércitos españoles hay el menor asomo de motivo para semejante declaración, sin embargo de lo cual se ha hecho con acompañamiento de frases injuriosas y detalles t- an significativos, que ya no puede caber duda ni en España ni en el continente respecto al odio tan injustificado como indudable que la nación norteamericana siente por la nuestra. Los momentos actuales son quizá los más graves por quo ha papado la España contemporánea. Bien lo ha compren EL CAPITOLIO DE WASHIN rON dido así nuestra nación al recibir con señales de estupor y verdadero asombro noticias que en otras circunstancias produjeron algaradas y motines. l o es de esperar que las grandes potencias de Europa dejen á España sin a y u d a ante la inicua felonía de los yankees; no hay que esperar tampoco que España, a u n en el caso de encontrarse á solas con su derecho, sucumbiera sin espantosa lucha á la inadmisible ley del más fuerte; pero en todo caso, mejor es que nuestros enemigos se presenten como tales, á cara descubierta, y no m i e n t a n amistades internacionales que sólo fueron u n a comedia para organizar mejor las expediciones filibusteras y la remisión de armas y de fondos á Máximo Grómez. En tan amargas y terribles circunstancias, una sola es la idea y uno el sentimiento de todos los españoles; repetiríamos, por consiguiente, si no las palabras, los conceptos de la prensa diaria si dejásemos que la pluma fuese allá donde van n u e s t r a alma y n u e s t r a intención. Esclavos de nuestro deber en estas páginas, nos l i m i t a m o s á manifestar n u e s t r a más completa conformidad con los ilustres periodistas que en los primeros diarios d é l a nación responden al sentimiento público, encauzándolo con el mayor acierto, y pasamos sin más retóricas á n u e s t r a información gráfica en asunto no nuevo en BLANCO Y NEGKO, pues y a recordará el lector que há poco le ofrecimos los retratos de Mr. Cleveland, presidente de la Bepúblioa norteamericana; de Mr. Olney, secretario de Estado, y de algunos níiembros del famoso Senado de W a s h i n g t o n