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No sólo estábamos p r ó x i m o s á la liacieuda de G- uanají, sino que, por las señales, en ella nos esperaban dispuestos á resistir. Al cabo iban á tener un. resultado fructífero tantas penalidades y tantas fatigas. III Cuando dimos vista á las construcciones q ue marcaban la parte habitada de la finca, nuestra decepción fué grande. Ni u n solo tiro saludó á nuestras descubiertas. Indudablemente, u n a vez m á s el pájaro había tendido su vuelo. Sin embargo, temiendo u n a emboscada, se tomaron las precauciones necesarias, y seguido de u n a veintena de hombres penetré en el q ue tenía el aspecto de edificio principal, para lo cual no hubo necesidad ni de forzar las puertas, que mano alguna se había cuidado de cerrar. Nadie, absolutamente nadie encontramos en los primeros momentos. Silo cuando ya dábamos por terminadas nuestras pesquisas, en lo más escondido de u n a especie de granero situado en los pisos altos descubrimos u n viejo que, sentado sobre u n haz de cañas, parecía indiferente á todo cuanto pasaba á su alrededor. Cuando entramos, n i alzó la cabeza siquiera, n i por largo espacio pareció oir las preguntas que le dirigíamos. ÍSin embargo, yo n o desistí de mi propósito de hacerle hablar, y con aspereza le grité; ¿Sabe usted que estaría en mi derecho mandándole fusilar? Entonces fué cuando levantó pausadamente los ojos, limitándose á responder: -tMi coronel, no aguardo otra cosa. Sabía á lo que me exponía, y no he tratado de huir. Creo que saber esto debe bastarle. -Pues bien, le dije dulcificando mi acento; si usted quiere, no sólo puede salvar la vida, sino hasta hacerse acreedor á una recompensa. ¿Cómo? preguntó con aire de amarga duda. -Señalándonos, sin mentir por supuesto, el camino seguido por la partida del Pardo. Si éste cae en nuestro poder, cuente con que tendrá medios para pasar una existencia cómoda y exenta de las penalidades á que seguramente a q u í se le sujeta. E l viej o movió enérgicamente la cabeza y se apresuró á contestar: -Mi coronel, lo q u e usted me pide es imposible. H e v i s t o la luz primera en España, amo el suelo en que nací como pueden ustedes amarle, y reniego y abomino de esta guerra con todas mis fuerzas; pero prefiero las cuatro balas con que a n t e s m e amenazaba á lo que ahora me exige. El Pardo Anguita es mi hijo. Lo que pasó por mí no puedo decirlo. Sé que faltó á mis deberes, que comprometí tal vez el éxito de la empresa que se me había encomendado, pero el hecho es que no sólo dejó en libertad al misero viejo, sino que por primera vez desoyendo el parecer del consejo de oficiales, me negué á arrasar el bohío, como la mayoría opinaba. Por suerte, n i la discusión duró mucho, n i t u v e tiempo de vacilar. Los primeros disparos de las avanzadas nos anunciaron que la partida de insurrectos no estaba lejos. IV Cuando dos días después, tras de u n incesante tiroteo en que rara vez veíamos al enemigo, logramos dispersarle casi por completo, nos replegamos á la hacienda de G- uanají. E r espectáculo que allí se ofreció á nuestra vista fué espantoso. No sólo las construcciones, sino la mayoría de los plantíos estaban, los que n o ya reducidosá cenizas, convertidos en u n verdadero volcán. Pero aquéllo era lo de menos. B e uno de los pocos árboles que se mantenían en pie delante del edificio principal pendía horriblemente mutilado el cadáver de aquel- pobre viejo que días antes había llenado de lágrimas mis ojos. La vida que nosotros habíamos respetado, había sido cortada entre tormentos infinitos por los secuaces del Pardo Anguita, que creyendo sin duda que él era el que nos había descubierto su guarida, no habían vacilado en desahogar sus iras ón el padre de su jefe. Después de todo, era natural. Los tigres hacen la guerra de m u y distinto modo que los hombres. AíCGEL R. C H A V E S DIBUJOS DE F MOTA. DIALOGO TELEFOKICO, POR TEODORO GUEREKRO Mr l -Devnélveme las cartas y el retrato, pues no (juiero que guardes esas prendiis. -Me he anticipado, Elisa, á tu deseo. Tus cartas las rompi. Qué acción tan lea! -y borré ta retrato, despechado. Como era el medallóa de oro con perliis tuve empeño en sacarle de mi casa. Mañana te euviaré la papeleta. r DIBUJO DH M E O A C H I S