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EL FINAL DE UNA JOTA Yo tenía UEa vínica, la pódate y) a culflaba, le daba su laborclca I y otro me la vendimiaba I Cantar popular A dar principio á la jota está la gente dispuesta. El jaleo aumenta entonces, no porque él tenga deseos de jota la tarde aquélla, pues es novio de la moza que va á. bailarla, y sospecha de su amor y tiene celos del mozo que está con ella. Tarda en empezar el baile, y Ja gente se impacienta, y el tocador la guitarra í, uKw. p y los semblantes se alegran y se retiran las silla dejando asi á la pareja el espacio suficiente para que lucirse pueda. La mejor moza del pueblo, u n a baturrica de esas que han hecho, inmortal el nombre de aquella bendita tierra, la va á bailar, l or los hombros se echó el jsañuelo de seda que antes del baile llevaba colocado en la cabeza, permitiendo ver entonces la ro ca hecha con su trenza, y las ondas del peinado que casi tocan sus cejas. Por debajo de la falda, que A- los tobillos Je llega, los pies de la baturrica dan señales de impaciencia, porque ya hace mucho rato que dio principio la fiesta y el cuerpo Je pide jota á. la hermosa aragonesa. La va á bailar con u n mozo que dicen que la corteja, y va á cantarla u n baturro porque la gente se empeña, coge entonces, y coniienzali á marcarse los compases de la jota aragonesa. Mientras baila, por mrmf ritos se entusiasma la pareja. Son dignos de verse ei garbo con que su cuerpo cimbrea la bailadora; la gracia, el arte y la ligereza con que hace ondular sus brazos sin dar descanso á las piernas; la malicia con que ríe cuando la gente bromea porque se le alzan las faldas al tiempo de dar las vueltas, y los colores que salen