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tierra española; en otra, el último desfile de los soldados, fatigado el cuerpo por el largo viaje de tierra y loca el alma por las no interrumpidas ovaciones del camino; en un grupo, el soldado en el buque escribiendo sobre el maderamen de la cubierta su última carta española; en otro grupo, los deudos del soldado viendo alejarse al b u q u e cargado de valientes y repleto de esperanzas Espectáculos y escenas muchas veces repetidos de u n año á esta parte en los mismos muelles y hasta en los mismos bareos, pero cada vez más conmovedore? porque de cada dia es más poderoso y fuerte el sorbo de la guerra que arrastra á Cuba cientos y cientos de españoles jóvenes. Asi han salido de seis puertos de España, de la isla gaditana, de la bahía de Sanlan ler, de la playa de Alicante, de los puerEL BATALLÓN DE LUZOS UMBAKCAXDO EN EL MONTEVIDEO EN LA COllUNA tos de Vigo, Coruña y BarceloFotog, ArriltÚJl na, los vapores más vastos y capaces de la Compañía Trasatlántica: el ííeiío. s íVcs, el 7 ío e v 7 eo, ol León XIII, el Calalcña, el Santiago, e tc, etc. encerrando á su bordo batallones y más batallones, cuya marcha nos hubiera dejado en el alma sensación inmensa y dolorofeísima de vacío si les hubiéramos visto salir uno tras otro do una población determinada. La emoción y el entusiastíio se han repartido, y hoj no habrá en la Península pueblo que deje de recordar para siempre la marcha de los soldados. El pueblo de Jerez tributó ovación entusiasta y colmó de ofrendas y regalos á los cazadores de Tarifa, que habían de embarcar en Cádiz; Lugo, al batallón de Luzón; Zaragoza, al del Infante; Sevilla, á los cazadores de Segorbe; Bilbao, al batallón de Garellano; Burgos al do la Lealtad, como Madrid so había engalanado y echádose á la calle para despedir á los batallones de Covadonga, VVad- Eas y Arapiles. Imposible es para todo buen español contemplar con indiferencia el hermoso espectáculo que u n escritor ilustre y distinguido colaborador nuestro, el Sr. D. Jacinto Octavio Picón, describía hace pocos días en El Liberal de esta manera brillantísima: La ley les saca del taller, les aparta del terruño, les a m p u t a al hogar y les encajona en los vagones; padres, hermanos y amantes se los comen á besos; suenan cornetas, el griterío se SOX- DADOS DEL BATAI. T. ON DK MUKCIA A liOKDO DF. L MOKTEVJDEO aplaca, casi no hay voz que conteste á los vivas; ÍPotog. Víctor Ló pez Uiobóo bufa la máquina, y por entre la muchedumbre apiñada, que abre paso en silencio, el tren arranea pesada y lentamente, esforzándose mucho, como si no pudiese con la gloria que lleva. Ellos parecen alegres y nosotros quedamos tris- tes. Si hay quien presencie aquéllo sin que á los ojos se le vengan las lágrimas, á ese debéis m i r a r con lástima. Unas cuantas horas después, en el puerto, los botes á impulso de los remos van apartándose del muelle y atracan j u n t o al baque, por cuyas escalas trepan los mozos uno á uno, destacándose sus trajes grises como bultos movibles que asaltan los costados del casco. Luego la costa se borra perdida en la distancia, el Océano se dilata inmenso y terrible ante ojos que acaso lo contemplan por vez primera, y al cerrar la noche, entre las ansias del mareo, el soldado se acuerda de sus montes de Aragón, de su olivar de Andalucía, de su pomarada de Asturias, de su llano de Castilla, de algún rincón de tierra que le parece más sagrado según lo va dejando más lej os. Nuevo sacrificio y nuevo tributo de su sangre pedirá la patria á sus hijos, sin que éstos dilaten u n instante el de hacer la ofrenda mentira parece que u n hogar se abandone t a n pronto, y sin embarGAUABUA coxDrcir. xDO SOLDADOS MONTEVIDEO go, 1 obscuro labriego que j a m á s se alejó dos leg