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Á OCHO DÍAS VIST El falleoimieDto tía las Cortes. -Junto al lecho del dolor. Bl muerto al nicho, y el viTM al dlfírito. Las duías que corren. -El juego de estos días. -Periodo electoral. -Cuaresma política- -Las elecciones en Culia. El baxitismo del principe Bcris. Complicaciones en puerta. -La Jíarcfea áe Odtíiz. A estas lloras han debido de fallecer de muerte n a t u r a l las Cortes de la nación. Su agonía ha sido larga y penosa; el puntillero de cabecera no se separaba un momento de la cabecera del enfermo del pobre enfermo constitucional, que estaba á dieta desde que terminó la últim. a legislatura. Claro es que el puntillero á quien aludo es el propio D. Antonio Cánovas, quien con u n a crueldad horrible se ha gozado en la agonía del paciente, sin decidirse á sepultar en su pecho el decreto de disolución. E n vano D. Práxedes, á quien no sé si calificar de enfermero ó de hermana de la Caridad, ha perdido también noche tras noche, haciéndole aire al moribundo con la plancha famosa. H a y cosas que están de Dios, y cuando no están do Dios están de Cánovas, y basta. La papeleta de defunción estaba firmada para anteayer; de modo que el difunto debe de estar ya pudriendo tierra en la Necrópolis del Este (éste es Cos Gayón) Séale la tierra leve, y modifiquemos el viejo refrán de el muerto al hoyo y el vivo al bollo diciendo: el muerto al nicho, y el vivo al distrito No conviene, sin embargo, adelantar los sucesos, y adelantarlos seila por mi parte dar por m u e r t a s unas Cortes que todavía colean á la h o r a en que estas líneas se escriben. iOh! sí; sólo dudas, incertidumbres y vagas sospechas circulan en este m e m e n t o por ahí. ¿Se disuelven las Cortes? ¿Ha muerto Maceo? ¿Ha dimitido el gobernador de Madrid? Kada sé por ahora, a u n q u e hay fundadas esperanzas de que cuando estas lineas se compongan, Cánovas respirará tranquilo, W e y l e r vivirá satisfecho, y el bastón vacante estará pidiendo con sus borlas u n gobernador á la medida. Pero no distraigamos la pluma del principal asunto, el más comentado y discutido en los círculos políticos: la disolución. E n el jefe del Gl- obierno era ya punto de honra conseguirla, y en el jefe fusionista era ya terco empeño el evitarla. -Dos pesetas al decreto. -Cinco duros á la contraria. -Señores, ¡el decreto en puerta! hagan juego. -No vale; han dado el salto. A esto, únicamente á esto se ha jugado esta semana en los círculos políticos, puedo asegurárselo al señor conde de P e ñ a JKamiro, que á estas horas no sé si será padre ó madre, es decir, gobernador de la provincia ó conde á secas. El hecho es que desde que la mayoría parlamentaria puso sus últimas palabras en la placa de plata, que ha sido la losa de su sepulcro, hubo por parte del enojado jefe del Gobierno empeño decidido en que D. Práxedes tuviera otra plancha para hacer pendant con la primera. Esa segunda plancha no podía ser otra para D. Práxedes que el decreto de disolución, y ese el obsequio que le prepara D. Antonio, hablándole, ya que no escribiéndole, en plata. Con dos planchas así, y a puede el ilustre jefe liberal sentirse acorazado para desafiar las iras de todos los torpederos electorales. E n efecto, el decreto en cuestión es más importante por lo que empieza que por lo que acaba. ¡El periodo electoral! Ahí son nada los sermones, triduos, misiones, ayunos y desagravios con que se nos prepara la cuaresma política, que coincide este año con la Cuaresma religiosa! Con fingido recogimiento se aperciben los candidatos á los cuarenta días de a y u n o á cambio de u n triunfo q u e obtendrán para Pascua, y si para Pascua no viene, vendrá de seguro para Trinidad. El Gobierno se prepara sin escrúpulo alguno á comer carne, porque para eso tiene bula de la Santa Cruzada contra los silvelistas. Los candidatos de arraigo ofrecen el oro y el moro á sus electores: que podrán hacer la zafra en los destinos públicos, que habrá pensiones para los electores del cuerpo de voluntarios, y, en fin, que los mambises del Gobierno se guardarán m u y bien de entrar, n o digo yo en P i n a r del E í o sino en n i n g ú n p i n a r que el pueblo t e n g a como bienes de propios. P u e s ¿y en Cuba? ¿qué rae dicen ustedes de las elecciones en Cuba? Difícil va á ser allá la ceremonia y en este p u n t o estoy conforme con los liberales. Votaciones á tiros, escratinio entre fusiles, actas en blanco, en negro y en mulato; ¡bahl esto, después de todo, no es grave n i extraordinario, dadas nuestras costuuibres electorales.