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que decoraron las habitaciones; y entre éstos, allá en lo que fué piso principnl, donde existió el gabinete nido de su primer amor, el consabido papel blanco rameado de flores azulea TJn ancho desgarrón suyo pendia sobre la línea del techo del piso bajo; tal vez en aquel jirón estaban sus candidos garrapatos de Te quiero con toda mi alma y la respuesta de Amparo: No te olvidaré nuneao. De todas suertes, era muy triste v, r aquel jirón de papel que oscilaba al impulso del viento, única cosa que se movia sobre el amarillento hueco donde exis ió una casa en la que se había amado, en li. que se había vivido, donde moraron seres dichosos ó seres infelices Parecía como si alguien agitase un pañuelo de despedida sobre u n escenario tristón y vacio, sin decoraciones, sin bambalinas, sin actores Viñaspre sintió que se le llenaban de l i g r i m a s los ojos; medroso de que lo notase algún transeúnte, rompió á andar apresuradamente, y haciendo esfuerzos por contener sus lágrimas, pensaba: La casa ya no existe; ¿qué habrá sido de Amparo? -Después de comer iremos esta noche al teatro, le habían dicho sus amigos. Iremos, respondió Viñaspre. Y fueron á u n teatro por horas, no sé á cuál; á u n teatro de los del género chico y pornografía con mVisica. Se alzó el telón; salió el coro de señoras, llevando éstas ropas m u y escasas, porque el argumento, también sumamente escaso, así lo requería, y el bueno de Viñasi re, que como excelente provinciano quería ver muchas cosas en poco tiempo, recorrió rápidamente con la mirada la fila que formaba el coro de señoras, y se puso primero m u y encendido, después densamente pálido. O le engañaban sus recuerdos y le mentían sus ojos, ó la tercera corista de la derecha era Amparo; una Amparo avejentada y marchita, ¡pero la suya! ¿Cómo era posible que la infeliz hubiese caído á tan miserable situación? Sin duda el Creso comenzó la eterna historia de seducción y de engaño, y la victima había ido rodando hasta las degradaciones postreras. Cuando terminó lo que el cartel llamaba aplaudidisima obra, dijo Viñaspre á sus amigos: ¿Alguno de vosotros entia en el escenario? -Yo, le respondió u n o ¿Tienes inconveniente en acompañarme? -Vamos. Viñaspre quería convencerse de que no le engañaban sus recuerdos ni le habían mentido sus ojos. Entraron en el escenario; sorteando decoraciones y advertencias de los tramoyistas se dirigían hacia el fondo, cuando del grupo que formaban uu hombre y una mujer, los cuales parecían buscar la penumbra de uno de los laterales más obscuros, salió u n a voz airada que dijo: Lo que eres t ú es una grandísima y antes de que la frase concluyera, sonó un agudo grito y la mujer cayó derribada al suelo. Corrieron en aquella dirección, tramoyistas, apuntadores, tiples, genéricos, coristas, amigos de la empresa, cuanta gente había, y era mucha en el escenario, y antes que toda ella corrió Viñaspre, quien mientras el director do escena exclamaba furioso: ¡A ver, ese hombre á la cártel: e p u l sado do la compañía; aquí no se dan escándalos ni o iice. i á las mujeres! contemplaba á su Amparo, porque cía ella, derribada y exánime en el suelo por el gol ie- ooy, do u n amante brutal y crdiarde ¿Qué le quedaba al infeliz Viñaspre de aquel su primero purísimo amor, cuyos recuerdos le llenaban de di. l- e melancolía? La casa derribada la mujer caid flotando en el aire u n jirón de papel de u n bliiur o i con descoloridos ramos azules sobre el amarilleiiín ¡ni que olía á moho, á tierra removida, á cosa muei 1 I característico del derribo, á lo que huele todo n U acaba, todo lo que se derrumba ó se deshace en 1 vida ¡Yeso, suciedad, escoria! Pero no creáis, ¡oh lectores! que el caso de Vi 1 único. Todos vosotros, al concluirse vuestro yiimer amor, tuvisteis vuestros derribos. El mundo ya no os pareció como os había píi 0oi do hasta entonces, un gabinetito empapelado do blanco con ramos azules, y el tipo ideal de la mi, ler cayó derribado del altar de vuestro corazón al lodo de la calle. Por eso, si me dijeseis que este cuento os parecía enojoso y largo, os respondoiía que es además simbolista con arreglo al últiino figurín de la moda literaria, y de fijo que así os c e n a b a 11 boca. Josi! D E R O Ü R E DIBITJOS DK H U E R T A S