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EL DERRIBO No es cosa muy, agradable contar la historia de u n primer amor, porque casi todos r- üSWVíiaart ellos suelen ser desgraciados. Se parecen á las flores tempranas del almendro: raro es el año que no las coge y las destroza la helada. P u e s el primer amor que tuvo J u a n i t o Viñaspre, famoso abogado hoy de u n a ciudad próxima á Madrid, fué cuando vino á estudiar Leyes, y la prenda dichosa de su pasión ¿habrá necesidad de decirlo? una vecina. Los estudiantes siempre tienen una ó varias vecinas; alguna que otra vez carecen de í í r -7 fííTji libros, pero de vecinas n u n c a Yo creo que sus patronas, al elegir las casas donde sient a n sus reales, si es que tal locución puede VTsíí emplearse con las que deben cobrarlos de la gente estudiantil, hacen respecto á sus pre; suntos huéspedes la reflexión siguiente: Ya que estudian tanto los pobreoitos, que amen también u n poco si bien parece mentira que siendo tan blandas de corazón pongan tan duros los garbanzos. La vecinita de Juanito Viñaspre se llamaba Amparo. Era hija única de, una pensionista, y era morena y era pobre. ¿En