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iijé Andalucía: vibra en las coplas, en sus aires flamencos, que perfuma la manzanilla y puntea la guitarra prendida de lazos y madroños; Aragón palpita con la jota, acento de su pueblo, que vive para la Virgen del Pilar; Galicia tiene sus airiños, que alivian la faena del campesino y sacuden la nostalgia del que vive fuera del país, y Asturias las melodiosas pravianas, que se oyen en los pintorescos valles como perdidos ecos de voces misteriosas. Cada pueblo sintetiza en su canto su historia y su temperamento; hasta el cielo se retrata en las coplas. El canté flamenco pregona u n pueblo alegre; la jota, u n país robusto, enérgico, y los cantos de Galicia y Asturias reflejan en sus jiros Jas caras mansurronas y plácidas de sus habitantes. Vital Aza ha llevado á la escena de Lara u n cuadro m u y apuntado de color y trazado con la habilidad que caracteriza al autor de La rebotica, Vital Aza ha descansado á los personajes de sus comedias, á sus inimitables Pérez, á los maridos cortados por el figurín de J u a n Lanas, á las mujeres dominantas, toda esa corií que sustentan las obras de Vital, y ha cambiado el ambiente, ha dejado los pisos terceros de las casas cursis y se ha ido á Asturias. Me parece m u y bien. Conviene renovar el ambiente y aspirar de tiempo en tiempo saludables ráfagas que nos traen, ó por lo menos nos recuerdan, el aire, la vida, de lo que andamos por aquí m u y escasos. A raíz del estreno de X Pí- r iaj) decían algunos eritícos que se notaba en la obra cierta languide; desmayo en las escenas sobre todo, y muy señaladamente en las primeras que forman la exposición de la obra. Ante todo, y sobre la labor de autor cómico, ha puesto Vital en esta ocasión u n cariñoso empeño para hacer de Ln. Praviana lo que u n pintor llamaría un cuadro al aire libre; por tres reales, importe de la butaca, nos ha llevado á u n rincón de Asturias, que no es precisamente el rincón histórico de D. Pelayo, para que saboreáramos aquellos tipos tan acertados de Antón y Eamona y oyéramos cantar deliciosamente á l.i Pino una pixwiana de las cantizan. Y hasta tal pvmto es esto cierto, que en su afán de (iarle immí