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Sobre el duro adoquinado de la calle de Alcalá, los pies do los soldados, marchando en columna de honor y llevando el paso, suenan con estrépito marcial de cajas guerreras; sobre el blando pavimento de la Carrera, el silencioso andar 7 de los soldados hacia perceptible el latir do los corazones; y cuando el menor y más oculto detalle del destile hacia acudir lágrimas á los ojos, vibraba el espíritu con dolor fulgurante, como si pisaran los soldados en carne viva. No llevaban los infantes de Wad- JRas y de Covadonga el severo ros cuyo imperial charolado deslumhra los ojos, ni al cinto Jas cajas de cartuchos, n i la mochila á la espalda, cargada de cartuchos también; á excepción de la escuadra de gastadores y de la escolta de la bandera y de los banderines de guía, tampoco llevaban armas los soldados, y en su rostro abierto y franco no marcaba su negra sombra la correa delbarbuc uejo; el gorro de caartel, familiar y sencillo, cubríatodo aquel tropel de cabezas jóvenes; el blando y niveo macuto, digna almohada para los ensueños del soldado, iba en las espaldas cruzado en bandolera y sujeto con cintas al pecho; las manos que dentro de poco han de sujetar el Maíisser, caliente por la repetición de los disparos, llevaban ahora la guitarra con todos los aromas de la aldea y todos los quereres de la novia No era aquél el público curioso y alborozado de los desfiles, n i el pueblo so oprimía en las aceras dejando libre el camino á las compactas secciones y al furioso rodar de los carros de guerra soldados y paisanos, gorras de cuartel y gorras de trabajo, se movían j a u t a s las madres, las hermanas, las novias, verdaderas víctimas de la guerra, aceleraban el paso para marchar con los reclutas, y éstos acortaban el suyo para marchar con las novias, las madres, las hermanas; los de primera fila en la compacta masa que presenciaba el desfile no se resistían para abrir camino á quien lo pedia desde atrás, porque no hacía la súplica movido por curiosidad banal, sino para dar el último abrazo y el postrer consejo al soldado que con ávidos ojos buscaba el semblante querido entre la apiñada multitud. Llevaban los expedicionarios sus meriendas intactas sujetas al pecho por la cinta del macuto: que sn aquella u n i versal elevación de todos los corazones habían acallado todos los estómagos su prurito; la enseña del batallón, llevada al hombro por el abanderado, barría levemente la calle, besando en largo beso el suelo de la patria; clavábanse en a l g ú n balcón los ojos del oficial, y allí se agitaba u n pañuelo blanco, no sé si en señal de despedida ó para arrojar sobre el viajero las lágrimas recogidas u n momento antes sobre unos ojos femeniles. La sociedad callejera de Madrid, las chicas elegantes y los chicos desocupados que ocupan la Carrera al anochecer entre el fulgor de los escaparates y el rodar de los landeaus que vuelven del Eetiro, echábanse hacia atrás con respeto, heridos por el sol del Mediodía y silenciosos los labios murmuradores ante el desfile memorable, sublime por lo sencillo, de aquel puñado de héroes futuros, jóvenes todos, casi niños, y niños del todo para el corazón emocionado que les veía desfilar; pues el cariño humano, hondo y verdadero, siempre ve niños en los seres que quiere. Los soldados se van: surgen de todos los cuarteles, salen de toda la nación, afluyen á los ferrocarriles, llegan á todas las playas, y de allí arrancan en los trasatlánticos á los sones del h i m n o de Cádiz, ya de hecho declarado himno y marcha nacional. A todo se acostumbra el ánimo, y al dolor más acerbo encuentra alivios el enfermo crónico; mas estas marchas de los soldados que salen de las ciudades españolas, estos repetidos embarques de los batallones con dirección á Cuba, no hay que esperar que llegue el pueblo á verlos con indiferencia; lejos do esto, cuantos más soldados marchen, cuanto más huérfana de brazos jóvenes quede la nación, mayores suspiros y lágrimas arrancan al pueblo, dentro del cual es cada vez m a y o r y más abrumadora la masa oculta y desconocida de madres que lloran, de esposas que ven deshecho el hogar reciente, de tristes jóvenes para quienes la patria ha sido rival afortunada y ambiciosa. LDIS E O Y O Fútografias de Yideto- d y M. FranzPAij y di bnj de Huerías. VILLANO VA