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Bellas Artes de Sevilla Eduardo Cano, j a l lado del ilustre atitor de Colón y l) on Alvaro de Luna estuvo hasta que, llamado por su hermano, marchóse á Koma para segair en la capital d Italia su educación artística. Jiménez llegó á E o m a cuando estaban en el apogeo de su gloria Eosales y Tortiiny, dos colosos de temperamentos antitéticos, en torno de los cuales se agrupaban, según las tendencias de cada uno, Villegas, Domingo, Alvarez, Casado, Aranda y otros pintores españoles que más tarde han llegado k emular las glorias de aquellos dos grandes maestros. Jiménez no pidió plaza en n i n g u n a bandería: su carácter serio y poco comunicativo le alejaba instintivamente de una y otra camarilla; y cuando en alguna ocasión abandonaba, cansa do de trabajar, su taller solitario y se marchaba al calé á buscar la compañía de sus compatriotas, se sentaba en un rincón, y sin decir una palabra á nadie se pasaba las horas enteras escuchando á Villegas con su gracejo acostumbrado, á Eosales con su conversación reposada y profunda, y á Valles lleno de vehemencia juzgando á l o s h o m bres y á los cuadros de una manera severa, pero justa. E n E o m a hizo Jiménez lo que todos: el cuadro fácil de género para atender las más apremiantes necesidades de la vida, pero pensando siempre en que llegara alg ú n día que pudiera hacer el arte por el arte. Este día no se hizo esperar; y entendiendo que esto no se podía hacer en ningim otro punto como en Earís, á Earís se marchó, instalándose definitivamente á orillas del Sena. La sinceridad del arte francés impresionó de un a manera profunda á nuestro artista, y) a obra común de Bastieu Lepage, Bretón, M Bouveret, Eoll y tantos otros portaestandartes de las nuevas ideas, encontraron á Jiménez lo suficientemente preparado p a r a dejarse convencer desde el p r i m e r momento. Instalado en París durante el inC O L O Q U I O AMOROSO vierno, y haciendo excursiones durante el verano á Bretaña y Normandía, empezó á estudiar las costumbres de los campesinos para trasladar al lienzo este nuevo mundo de ideas del que fué glorioso descubridor el gran Millet, y desde entonces, sus triunfos se han sucedido sin u n solo fracaso. Si en 1889 pudieron muchos preguntar: t ¿Quién es Jiménez? hoy nadie hará ciertamente esta pregunta; y si alguien la hiciera, todos á una contestarían: Luis Jiménez es u n artista notable que ha sabido ganar u n nombre glorioso para España luchando en extranjero suelo, donde las batallas son más reñidas y las victorias más difíciles. r