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dura, había alcanzado á algunos grupos de la retaguardia de Maceo, grupos que se dis 2! ersabaii asi que tenían noticia de la aproxinjaeión do nuestras tropas. El día 31 el general Luque parecía haber perdido la pista de Maceo, y entonces fué cuando se telegrafió á la prensa por sus corresponsales una multitud de suposiciones, según las cuales tan pronto so había visto á Maceo en Mantua como en Guane. No ei- a así- ciertamente. El audaz cabecilla mulato se encontraba en el pueblo de Faso Eeal de San- Diego, adonde había acudido buscando descanso para sus hombres, muchos de los cuales estaban desmontados, y no pocos enfermos y aspeados. Súpolo el general Luque, y acelerando la marcha de su columna llegó el 2 por la m a ñ a n a al ya citado puehlo de Paso Eeal, lugar m u y bien elegido por Maceo, que en caso de apuro podía refugiarse fácilmente en las asperezas de la sierra Candelaria y en la llamada del Infierno. La súbita llegada de la columna Luque obligó á Maceo á resistir, impidiéndolo poner en práctica aquel pensamiento. El general Luque atacó sobre la marcha á Paso Peal, dentro del que se encontraban los rebeldes de Maceo- y las partidas; de Sotomayor, Miró, Zayas y el Chileno. Después de u n largo tiroteo y de algunos ataques á la bayoneta, la columna entró en Paso Eeal, haciendo t W 4 S 1 (H FANT EPISODIO DEL COMBATE impetuosa irrupción al mismo tiempo por diferentes parajes. Maceo, comprendiendo desde luego que le era imposible resistir, trató de abandonar el pueblo con toda premura, abriéndose camino de cualquier modo por entre las lineas do nuestras trojias. Dos veces la caballeiia de Maceo cargó sobre nuestra infantería con salvaje valor. La resistencia de las tropas no decaj ó u n momento. Keunidas en enorme tropel, las fuerzas de infantería y caballería de Maceo intentaron u n supremo esfuerzo y acudieron á abrirse paso forzando el einturón de fuego que los cercaba. En este momento decisivo intervino la artillería con plausible eficacia. U n a pieza, colocada detrás de las filas de los soldados, avanzó en el momento en que se acercaba la masa enemiga, y cuando ésta llegó á cincufnta metros, disparó u n a rociada de metralla que sembró pánico horrible en el enemigo. Este se desbandó por todas partes, huyendo en todas direcciones y dejando en las calles de Paso Eeal sesenta y dos muertos. Los heridos pasan de doscientos. En su huida abandonaron los rebeldes cien caballos, y en algunas casas del pueblo encontró la tropa víveres, armas y efectos de guerra pertenecientes á los insurrectos. P o r nuestra parto tuvimos también sensibles pérdidas. El general L u q u e recibió u n balazo en u n a pierna, y aunque se obstinaba en seguir mandando las fuerzas, t u v o que retirarse, después de t o m a r posesión de Paso Eeal al pueblo do Consolación del Sur. Del mando de la columna se encargó el bravo coronel D. Cándido Hernández, cuyo retrato envié en mi carta anteiior. Eesultaron heridos de gravedad dos comandantes, dos oficiales y cuarenta soldados. Al día siguiente fallecieron á consecuencia de las heridas u n capitán, u n teniente y treinta soldados. Con su sangre generosa quedará escrito en la historia de esta guerra el memorable combate de Paso Eeal, página de gloria en la brillante historia militar del bizarro general Luque. Tomaron parte en dicho combate dos compañías de Saboya y una de Galicia, las cuales formaban el ala izquierda, ál mando del bravo coronel Hernández. El centro de nuestra columna, que avanzó sobre el enemigo en correctísima linea de batalla, lo formaba el batallón de San Quintín, mandado por su coronel y á las inmediatas órdenes del general Luque. El ala izquierda, dirigida por el teniente coronel Prancés, se componía de u n a compañía de Soria y dos de Alfonso X I I I La fuerza de artillería que tan oportunamente intervino en la refriega, estaba mandada por el teniente Lisón. Para j u z g a r del ímpetu con que cargaron nuestras tropas, baste saber que muchos de los muertos enemigos lo fueron á bayoneta, sin que n i n g u n o de nuestros soldados resultase herido de machete.