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EL CARNAVAL DE VENECIA H u y ó el romanticismo d é l a s artes y de las letras, aquel hermoso romanticismo del cual hacen mal en renegar lOs. modernistas, porque tanto valen esos reniegos como si renegáramos de nuestros padres; pero el hecho es que huyó, y que atreverse á estas alturas á mentar siquiera el más romántico Carnaval de la más romántica de las ciudades, es atraerse voluntariamente sobre la pluma el epíteto de cursi. ¡Cursi! La palabra mágica, el terrible concepto, la pavorosa categoría estética que hoy pesa sobre el ingenio h u m a n o llenándole de inoertidumbres y dudas, merced á los cuales la atrevida generación que todo lo ha destruido siente escrúpulos de ediiicar nada sobre las ruinas. Pero si es cierto que el Carnaval muere, sea por falta de h u m o r en los h u m a n o s sea porque, como Fígaro dijo: el mundo todo es máscaras y todo el año es Carnaval bien puede perdonarme el lector, ya que en obsequio suyo lo hago. i; u X 5 fe A OltlLLAS DEL GEAN CASAL que arrostre el antedicho y temible epíteto para entonar j u n t o al difunto Carnaval mi más sincero panegíiico, en el cual han de constar, como es lógico, las mayores glorias y las más altas proezas del difunto. ¿Dónde encontrar unos y otras tan claros y patentes com. o en aquellos espléndidos é inacabables carnavales venecianos, cuyas orgias, aventuras, músicas y luminarias eternizaron Verdi y Bellini, los románticos de la música, y en la novela y el teatro los románticos de las. letras Byron y Lamartine, madame Stael y Víctor Hugo? ¿Ni qué hicieron éstos, al cabo y al fin, con sus Carinas y Lucrezias, Fosean y Marino Faliero, sino volver á la vida las artísticas creaciones que hizo brotar de Yonecia el monstruo de la dramática, aquel Otello y aquel SylloJt, más reales aún por virtudes del Arte que si. hubieran salido de h u m a n a s entrañas? L a simple enunciación de tales nombres evoca el recuerdo de esa Venecia todo misterio, encanto y originalidad, perpetua broma carnavalesca donde la tierra pretende u n i r por medio de puentes infinitos lo que el agua quiere separar por medio de canales innumerables, broma para la historia, que no encuentra en pueblo alguno organización ni gobierno iguales al de aquella especial oligarquía veneciana, y broma para el Arte también, ya que en las loggias, cúpulas y columnas de la Piazzetta y de la plaza de 8 an Marcos, en el interior de sus basílicas y en las fachadas de los palacios que remojan sus escalinatas en el Gran Canal, j u n t o s aparecen todos los elementos y órdenes de la arquitectura.