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El Príncipe Borís Es el personaje del día, y su bautizo en la Iglesia, cismática está dando que hacer á las agencias telegráficas en todo lo que va de mes. El principe Boris es el primogénito del principe Fernando de Bulgaria, que, católico de nacimiento, quiere sin embargo que el heredero al trono deje esta religión por la rusa para lialagar al Czar, sueño eterno dí l príncipe búlgaro. 1. a esposa de éste, María Luisa de Parma, no ha querido en modo alguno autorizar con su consentimiento, ni a u n con su presencia, el bautizo de su hijo, y ha salido de Bulgaria en compañía de su segundo hijo Cirilo, diiigiéndose al Mediodía de Francia. El principe Fernando, por su parte, ha hecho lo posible por recabar del Papa la autorización para el bautizo famoso, mas el Pontífice se ha negado á ello, y asi lo explica en elocuentes párrafos JJ Osservatore Romano, órgano oficioso en la prensa italiana de la Santa Sede. Tal serie de acontecimientos han exaltado en Sofía las pasiones populares, y tómense t u m u l t o s en la susodicha capital de Bulgaria. Por de pronto, la princesa María Luisa, esposa del principe Fernando é hija del duque de Parma, ha marchado á Niza, y según parece, so trata de una separación en regla, a u n q u e para cubrir las formas sólo se habla ahora, oficialmente por lo menos, de una larga permanencia en el extranjero, durante la cual acompañarán á la expatriada princesa el mayordomo mayor y la camarera mayor de Palacio. Si el Papa castiga con excomunión mayor ai príncipe Fernando, atribuyese á la princesa el propósito irrevocable de ingresar para toda su vida en un. convento. En caso de e x c o m u n i n menor, la joven esposa se iría á vivir con su padre el duque de P a r m a El problema religioso de la familia real de Bulgaria tiene cación la promesa solemne que el principe F e m a n d o hiciera á su esposa y al Papa, de que los hijos de su m por expliserían baxitizados y educados en la religión Católica Eomana atrimonio Tomás Carrera Cumplimos nuestros deberes de informaéiiin ofreciendo á los lectores el retrato del desgraciado joven muerto por la fuerza pública la noche en que llegó á esta corte el general Martínez Campos. Tan recientes- están los hechos que acompañaron y siguieron á dicha desgracia, que seria por completo ocioso repetir u n relato dado ya por la prensa diaria con toda abundancia de detalles. Pero no vendrán mal unas cuantas lineas, toda vez que el suceso no ha perdido su resonancia todavía, puesto que ha dejado tras si la marcha de dos ó tres procedimientos judiciales. Mientras la autoridad militar intenta poner en claro quiénes fueron los autores de los disparos que hicieron blanco en Tomás Carrera además de la bala del guardia civil, el juzgado incoa otro proceso encaminado á depurar las responsabilidades que pueden caber á determinado partido político en las deplorables escenas ocurridas después del entierro del infeliz industrial. Casi todos los redactores de u n periódico de la mañana, sobre el cual pesan infinidad de denuncias, han sido procesados, y otros se encuentran fugitivos en Portugal, según se dice. Estos procesamientos en masa, los gritos escuchados d u r a n t e la tarde de la manifestación, la gravedad que por algunos momentos llegó á alcanzar lo que indudablemente puede calificarle de motín, nos han vuelto en cierto modo á la triste época de nuestras asonadas políticas. Fuera de este carácter que algunos quisieron dar á la ma. nifestación, el entierro de Tomás Carrera fué hermosa expresión de dolor de todo u n pueblo. El gremio de maragatos, al cual pertenecía el difunto, costeó los gastos del sepelio socorriendo además á la madre infeliz, sobre la cual pesan repetidas las desgracias. E n efecto; u n hermano de Tomás Carrera, que servia en Cuba, fué macheteado el mes pasado por los insurrectos, y este hecho explica y aun disculpa la parte que Tomas Carrera pudo t o m a r en las manifestaciones hostiles contra el general la noche de la llegada de éste