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molde vacia ía careta. El papel, que ha adquirido la consistencia del cartón, se saca entonces, y después de una preparación de blanco, se pinta con los tonos oMllones peculiares de la careta. Análogo procedimiento se emplea para las demás, con la diferencia de sustituir el papel por las otras materias que entran en su composición. El trabajo de los antifaces es más delicado; Por eso se entrega en manos de costureras, y se comprende: el antifaz, eminentemente femenino, necesita los gentiles deditos de la mano de una mujer para su confección. En Madrid, la popular casa de Serra lleva la diEXPOSICIÓN DE CAPUCHOSES rección de estas cosas, y en sus talleres, cuyas vistas r eproducimos, se confeccionan caretas de todas clases que se exportan á provincias en remesas considerables. El precio de una careta de cartón es el de una peseta hasta siete, siendo las más caras las que representan personajes políticos, sobre todo si están en el Poder. El antifaz de raso ó terciopelo llega á valer dieciséis pesetas com. o máximum. Esta misma casa construye capuchones, que luego expone en su salón, y que se alquilan para los bailes muy especialmente. El alquiler de un capuchón, el de un traje cualquiera, varía, como es natural, según el género. Así que desde diez reales hasta dieciséis duros, hay donde escoger y hay tela cortada. El Carnaval en Niza hace tres ó cuatro años bautizó la mascarada lanzando al aire las espirales de las serpentinas y los confetti. La oosa ha hecho fortuna, y aquí ha tomado, como en todas partes, carta de naturaleza. La humanidad estos días se entrega bajo el poder de la locura, para volver después su amorosa vista al recogimiento y al potaje. Bien dijo Mgaro. Todo el año es Carnaval. Lüís GABÁLDON ÚLTIMOS DETALLES Potografias de M. Pranzen, tiechas expresamente vara BLANCO Y NEGRO.