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CARETAS Y CAPUCHONES Aunque según el inolvidable Fiyaro todo el año es Carnaval, sin embargo sólo en época determinada del año, comprendida entre el Domingo Gordo y el Miércoles de Ceniza, se permite á las gentes cubrirse la cara para defender el incógnito, y para que, parapetándose tras la careta puedan lanzarse libremente por esas calles en busca de aventuras, dando bromas más ó menos ingeniosas, interrogando á todo el naundo con el característico ¿me conoces? tomando por asalto los cocbes, brincando á las grupas de los caballos, zahiriendo con pailitas á las mamas los que se sienten yernos, descorriendo horizontes de la vida privada algunos que están en el intrinijtilis; en resumen, carta abierta y licencia gubernamental para importunar á todo el mundo TALLKK DE CAPUCHONES Y ANTIFACES durante cuatro días, válvula abierta para todos los desahogos, con disfraces de buen humor. De tiempo remoto viene afirmándose que el Cai naval agoniza, que arrastra sus últimos años con el inseguro paso de un sér que desfallece, y la gente diagnostica que las causas de su grave enfermedad son la pérdida de la alegría y del gusto. El Carnaval evidentemente decae, como toda fiesta popular instituida muchos años há; se gasta, se agota, conformes; pero, ahoi- a, que el Carnaval desaparezca en absoluto del estadio del público, me parece difícil, tan difícil como que Castellano crezca. Lo que sucede es- que el Carnaval se ha hecho hurgues, ha pasado del esplendor de aquellas fiestas cortesanas de Felipe IV á ser un Carnaval de clase media y baja; en el hoy salón del Prado, donde lucían entonces sus agudezas tras el antifaz los ingenios del siglo, cam. pea el tío del higut con su turba de muchachos, el que cubre su traje habitual con cucuruchos de papel, el que con una falda de su hermanita ó de su mamá cambia de sexo y loco perdido trisca por el paseo, los que se visten de chula, de paleta, de bebé, diepierrot, etcEl Carnaval no desaparece, no; del mismo modo que mientras haya amores vivirá la poesía, en. tanto quede aZ o de humor habrá m. áscaras; el antifaz es indispensable para contar la historia de salón con comentarios vivos, para ir libremente al lado de la novia y que rabie su madre, para decirle cuatro frescas á un amigo y