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A OCHO DÍAS VISTA Sobre la beligaraicia. -CamUa de once varas. -Caminos militares. -La coatestacíón al measaje de Washington. -Entre yankees y soldados. Los viajes de D. Jaime. -El cuento del obeliso. -Dice 4? ¿e íiieneK ¡os rasos- Lo que no has de comer, déjalo eooer podríamos decir á los Estados Unidos, dándoles á entender que siguen metiéndose en lo que no les importa... aunque si les exporta, porque esas expediciones que á dos por tres salen de la Florida, de Cayo Hueso, de Washington, ¿qué son sino traidoras exportaciones que conviene t o m a r m u y en cuenta en este enojoso asunto de la beligerancia? Pero no cabe aplicar al tío Sam el adagio con que empiezan estas line? s, porque precisamente de lo que él trata es de comerse lo que está cociendo; por lo cual no debemos motejarle tampoco si ahora se mete en camisa de once varas, pues él hará mangas y capirotes con tal que la camisa le venga j u s t a Asunto de camisería es éste que el general Weyler debe resolver por sí y ante si, sentando las costuras como mejor le plazca, y examinando de paso el mapa de América para ver si nuestro camino militar resulta más corto de la Habaaa á W a s h i n g t o n que de la Habana á P i n a r del Rio. ¡La beligerincial La beligerancia para los bandidos, para los negros bozales, para los incendiarios, para los dinamiteros i Viye Dios, que el pueblo español contestaría de buena gana á ese mensaje de Washington con otro mensaje de Chicago! Pero después de todo, más vale que el tío Sam se presente tal como es y á cara descubierta. Pronto habrá en Cuba 150.000 soldados españoles. Y entre yankees y soldados ociosa es toda clase de cumplimientos. Los viajes de D. J a i m e de Borbóu han traído revuelta á la prensa u n año entero. De Italia á España, de España, á Marruecos, de aquí á Francia, de Francia á Alemania. Injusto hubiera sido asegurar que el carlismo, en la persona de su m u y amado príncipe, no iba á n i n g u n a parte, cuando tantas recorrían las plantas de sus pies. D. J a i m e era como el obelisco del cuento: -A. qTjii tienen ustedes, señores, la plaza de la Concordia de París con el obelisco. -En efecto, está m u y propio. -Ahora verán ustedes la- batalla de Sedán. ¡Caramba! ¡Y el obelisco en medio! -Ahora, señores, la caza del tigre. ¡Diablo! ¡Y el obelisco también! Pues asi como en el cosmorama famoso no había vista sin obelisco, durante el año anterior no ha habido capital importante sin su D J a i m e Por fin éste ha manifestado decididamente su vocación anunciando su próximo ingreso en el ejército ¿De Cuba? No; en el ejército ruso. E n su alma j u v e n i l se conoce que han causado impresión profunda el chauvinismo rusófilo de los franceses y los conciertos de la Capilla Nacional rusa. Ojo, pues, de hoy en adelante con los cosacos del Don... Jaime, y digamos con la antigua copla madrileña: Dicen que vienen los rusos por las Ventas de Aleoroón; y los rusos que venían eran J a i m e de Borbón. L U I S ROYO V I L L A N O V A DIBUJOS DE CILLA