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frase gráfica el aludido cronista; pero no todos son do su parecer, y ios palacios más suntuosos de j Iadrid permanecen cerrados. Las embajadas y legaciones extranjeras son, como he dicho antes, las que imprimen la nota alegre en la vida de la sociedad aristocrática; y como los i- epresentantes de Alemania, M. y Mme. de Radowitz, gozan en Madrid de grandes simpatías, que comparten con ellos sus dos bellísimas hijas, su residencia del paseo de la Castellana es una de las más frecuentadas por la alta sociedad madrileña. Decorada recientemente, aquella residencia es hoy una de las más amplias y elegantes de las que ocupa el cuerpo diplomático extranjero. De un gran vestíbulo arranca una escalera elegantísima con balaustrada de bronce dorado, y rodeada de balconcillos que dan vista á la galería que circunda los salones del piso principal. SALOX DE BAILE La sala de baile es lo primero que aparece á la terminación de la escalera, y la luz eléctrica difunde allí en las noches de fiesta sus claridades, reflejando sobre el parquet lustroso y sobre el damasco amarillo que cubre las paredes. El comedor, tapizado de verde pálido, tiene uu artesonado blanco y oro, estilo Renacimiento, del que arranca la iluminación eléctrica en forma de multitud dé pinas de cristal esmerilado. Dos salones turcos contienen m. il preciosidades, recuerdos del paso de M. de Radowitz por Constantinopla; hay otro gran salón con magníficas arañas estilo Imperio, y el salón del trono, en el que aparece un hermoso retrato del em. p 6 rador Guillermo de Alemania bajo dosel de rojo terciopelo. El despacho del embajador es una de las habitaciones más elegantes, y en donde se revela el gusto personalísimo del ilustre diplomático. Hay allí antigüedades de gran mérito artístico; retratos de reyes y de príncipes con afectuosas dedicatorias; libros raros, armas antiguas, una serie de preciosidades que M. de Radowitz ha coleccionado y distribuido con cariño de amateur y con refinamientos de artista. El poderoso Imperio alemán ha enviado siempre representación distinguidísima á la corte de España, donde brillaron por su hermosura y distinción incomparables las hermosuras de la corte berlinesa. Recuerdos muy gra-