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LOS SALONES DE MADRID X LA EMBAJADA DE ALEMANES Ea la sociedad aristocrática de la corte los representantes extranjeros ocupan distinguido puesto, y cuando en momentos tristes como los presentes nuestras grandes casas no abren sus puertas más que para las fiestas intimas, temiendo sin duda que el eco de fastuosas recepciones vaya á herir en sus fibras más sensibles á los heroicos soldados españoles quo exponen sus vidas por conservur á la patria la más preciada de sus colonias; cuando tal sucede, los ombajadoros y niinisti os aci Cilit; idos cerca del Gobierno español son los únicos quo celebran fiestas brillantes, de esas que al comercio aprovechan, y de las que casi se va perdiendo la memoria en esta corte, que fué un tiempo de las más animadas de Europa. Aquellos bailes de trajes, de pelo empolvado y de fracs rojos, que tuvieron por escenario espléndido los suntuosos salones del palacio de Cervelión, no se han reanudado desde la llorada muerte del caballeresco duque do Fernán- Núñez; la piqueta demoledora echó abajo recientemente aquel palacio de Medinaceli, cuya riltima fiesta fueron los preciosos cuadros vivos compuestos por el malogrado pintor Horacio Longo y dii igidos por la hermoG A B I N E T E A 1 ÍA. BK sa dama que hoy lleva el título de duquesa de Denia; el palacio de Portugalete permanece también cerrado, porque su ilustre dueña, la duquesa viuda de Bailen, bnsca alivio á sus dolencias en el templado clima de Kiza; resuenan ya lejanos los últimos ecos de aquella famosa Tarantela que bailaron damas ilustres y hermosas en la artística residencia de los marqueses de Viana, donde no se ha vuelto á celebrar fiesta alguna; el baile de las ñores, la primaveral fiesta de Mayo, que era ya una tradición en la regia morada de los duques de Nájera, se interrumpió también en la pasada primavera porque el bizarro general que tan gallardamente ostenta el título de marqués de SierraBullones no quiso que en su morada se bailara nrientras sus compañeros de armas luchaban en Cuba por la patria No acabaría de citar nombres ilustres; unos, ausentes de la corte, como los marqueses de Hoyos y los condes de Villagouzalo; heridos otros por desgracias de familia, y sin ánimo los m. ás para reanudar olvidadas tradiciones. Un distinguido escritor recordaba no há mucho en ameno artículo tiempos miás tristes que los actuales, y en los quo la vida social no decayó de su animación ni un solo momento. A mal tiempo buena aara, decía con