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El bohío criollo Es el tipo (le vivienda cabana, típica, originaria y propia de la tierra; construcción especialísima y primitiva, m u y omejante á las chozas de nuestros pastores y á las casetas fabricadas con cuatro ramas por los guardas rurales de la Península. No hay que buscar el bohío en las gran los poblaciones de Cuba, donde se levantan edificios hei- mosos con todas las galas de la arquitectura y los últimos adelantos jgyg jct ÍJÍL- F -i í i Siíf 9 4 de la ingeniería. No; el viajero que conozca tan sólo de la Isla ciudades como la Habana, Matanzas, C i e n f u e g o s ó Sancti- Spiritus, no podrá, formarse idea del miserable bohío donde antes vivían los esclavos, y donde viven hoy las familias pobres que ganan el sustento con industrias agrícolas tan potentes en Cuba como el cultivo del tabaco y el de la caña. El bohío le ven nuestros soldados en sus largas caminatas al través de todas las provincias dominadas por la insurrección: una oaI tr suca primitiva y rústica sin más agujero que la t vi yjuerta de entrada, y í abrumada al parecer por f; la montera colosal de su tícubierta de paja. E n las comarcas rurales de Cuba forma el bohío pintoresco y vivísimo contraste con los grandes ingenios donde se verifica la molienda. Alzan éstos sus grandes chimeneas coronadas por penachos de humo, extienden á muchos kilómetros sus plantíos de caña, sus ramales de ferrocarril, las construcciones todas del batey, y allá en los confines de la opulenta linca, sembrados en los valles ó resguardados del sol por el arbolado de los bosques, los bohíos cubanos dan albergue á los pobres criollos del campo, cuya misera hacienda es pasto vivísimo y repentino de las llamas para alumbrar á las partidas insurrectas su camino de destrucción y de muerte. Si han sido muchos los ingenios y potreros destruidos por la tea insurreccional, calcule el lector qué inmenso número de bohíos humildes no habrán ardido en esta campaña al consumirse en inmensa hoguera los cañares y los plantíos. Fotogi afías Gelaiert y Rermavo