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A OCHO DÍAS VISTA Factores da la gaerra. -Cuestlóu do ooliavoa. -Ml 8 as de gracias. -De dónde saldrán esas misas. -Filosofías de Ultramar. El forzado de DragTit. -Bn dónde ha de mirarse el mapa de Cuba. L 03 bastidores déla guerra. -La Inicial del general en jele. -La W y la M. -La dlsolnolón de las Cortes. ¿Esquilo el perro? Cánovas y la ropa vieja. -Un atraco en perspectiva. Sesenta, ochenta, noventa, cien m ü hombres, cuantos hicieron falta para la campaña de Cuha, allá fueron sin obstáculo ni inconveniente alguno, y ac ui quedan otros y otros cien que seguirán el mismo camino apenas la patria n e cesite el brío de sus brazos y el generoso tributo de su sangre. Mas ¡ay! que el soldado no es más que u n factor en la guerra; y el otro tactor, la miserable bolsa de dinero con ser lo más frío, inanimado y despreciable, es lo que más nos preocupa á todos y trae enredado y preocupado al Gobierno hoy día de la fecha. El poderoso empuje dado por las fuerzas. españolas en los últimos días nos hace esperar que no ha de pasar mucho tiempo sm que oigamos el ansiado Te Beum. las misas de gracias y las fiestas religiosas en honor del Dios de nuestros ejércitos vencedores. -Bueno; pero ¿de dónde saldrán estas misas? Tal es la pregunta que hará para sus adentros mi ilustre paisano el ministro de Ultramar, mientras piensa en amarga Jiplli M reflexión que es m á s difícil arrancarle u n ochavo al Banco de TM -España que muchos hijos á los brazos de sus madres. Terrible y profundo contraste, que no es de ahora, sino eterno, porque si oro es lo que oro vale, aquello que vale mucho más que el oro, como es la vida del hombre, resulta que no vale oro n i nada, porque los extremos se tocan, y tanto importa el summum del valer como el colmo de la insignificancia. A mayor corazón, más noble empuje para el sacrificio. De ahí que la madre dé sin vacilar sus hijos á la patria y el capital no dé sus ochavos, porque no teniendo h u m a n a s entrañas, no hay que buscar en él h u m a n o s efectos. STo sé si filosofará de este modo el simpático consejero que hoy lleva sobre sí el peso más ingrato y menos lucido de la campaña de Guba; pero tiempo le queda de filosofar mientras aguarda á la puerta de nuestro primer establecimiento de crédito en situación parecida á la del famoso forzado de Gróngora: Amarrado á u n duro Banco, peor que el de u n a galera, ambas manos en el remo y ambos ojos en su tierra, u n ministro de U l t r a m a r en la playa de Marbella se quejaba al roneo son del remo y de la cadena. La guerra entra, por consiguiente, en u n a fase no prevista en n i n g u n a obra de táctica militar, y capaz de volver loco a cualquier estratego de los que por acá hacen y deshacen sobre el mapa de Cuba. ¿Huye el enemigo? Pues ¡ya se sabe! á enemigo q u e h u y e puente de plata. Pero ¿de dónde sacamos la plata para hacer el puente? ¿Hace cara el enemigo? Pues no queda otro remedio que batir el cobre. Pero ¿queda siquiera algún perro chico por batir? o r