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FRAY MARTÍN L CANTO PRIMERO) revolviendo las olas, y el espacio con sus bramidos espantosos llena. Ante el medroso hormigueo de espectros, que ofuscaba su juicio y su conciencia, con lamento desesperado y penetrante, el monje pidióle amparo á Dios, y alzóse al punto de las tinieblas virginal figura hermosa y fulgurante, pero triste. Larga, tupida túnica cubría sus púdicos contornos, cual celaje que vela el blanco disco de la luna sin amenguar su resplandor; sus ojos no lanzaban las ráfagas de fuego que en la nubil pupila amor enciende, pero brillaban transparentes, puros, como los astros en tranquila noche de caluroso estío; su ondulante y negra cabellera, en destrenzadas hebras por la ancha espalda descendiendo, con doble encanto resaltar hacia la grave y melancólica hermosura de la celeste aparición, envuelta en una claridad como de aurora. Pintábase en su faz meditabunda y pálida el dolor; ese infinito dolor que azora el corazón humano cuando busca y no encuentra, cuando mira y no ve, cuando lucha y desfallece. Kigido, incierto, atormentado acaso por ocultos deseos hasta entonces nunca sentidos, y que el leve acento de la visión en su interior movía, volvióse el fraile y preguntó azorado: ¿Quién eres? ¿qué pretendes? ¿por qué altei as mi oración y mi paz? ¿No me conoces? le respondió, atrayéndole afanosa. To soy, mírame bien, algo que vivo y algo que ha muerto en ti. Soy una llama que surge de improviso en el abismo. de tu inquieta razón. ¡Yo soy la Duda! Al o r esto irguióse el sacerdote, j acometido de mortal desmayo quiso escapar de allí, mas vino á tierra como la encina rota por el rayo. GASI ARNÚÑEZ D E DIBUJOS DE I- I D R O Glf- es notas p. inundaron, ya imponentes. ¿Quien oye o acento, elevan olvidadas as vanidades? grimas lienchidos nbla y se estremece sal retumba, d dol trueno, SSé coro magnífico y sublimo, mitad imprecación, mitad sollozo, en que parece que palpita y llora abrazado el dolor á la esperanza, como un esposo al cuerpo inanimado de la mujer á quien amó rendido? Los salmos de David son como el viento, que apacible y sutil el campo orea, grana la mies, y en melodiosas arpas los corpulentos árboles convierte. Mas luego fiero y desatado troncha los más robustos troncos, las campiñas y los poblados tala, hincha los maros ARCE