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Cuando comienza la Cual Osirla y se interrumpen hasta la primavera las fiestas aristocráticas, puede decirse que principian su campaña las damas de la nobleza para allegar recursos con qué atender á las múltiplos necesidades de sus benéficas asociaciones. Entonces, la que fundó un asilo, la que protege á una familia desgraciada, la que inició la Creación de una escuela ó puso la primera piedra do un templo, todas acuden, y no en vano, á la inagotable caridad del pueblo madrileño, que llena siempro los teatros donde tales tiestas se cek- bran. Pero no todas las damas están en condiciones para dirigir con fruto y organizar con arte esto género do, tiestas. Para lo úkinio se necesita delicado gusto, conocimiento grande de la sociedad, y hasta ser cí sona grata á los empresarios y directores de los teatros que lian de prestarles su concurso; para lo primero, más difícil aún, preciso es que la dama que reparta las locabdades ocupe un elevado puesto en la sociedad, goce en ella de grandes prestigios, y todos estén obligados en cierto modo á cooperar á sus caritativas empresas j or las atenciones i ocibidas. En uno y en otro caso, pocas damas como la maiquesa do Hoyos. Si so pwrc al hahla con empresarios y artistas, todos le dan fncilidades paja que los rcndiinitutos sean mayores; si se dirige á s u s amigos ofreciéndoles localidades, siempre el teatro resulta pequeño para contenerlos á todos. El éxito, por tanto, va inssparablemente unido á su nombre aristocrático. ¡Cuántas lágrimas habrá enjugado con esos beneficios la noble dama, sin contar las miserias que pnrticularmento socoi- re, y que Ja hacen acreedora á todos los respetos y merecedoi a de todas las simpatías! La última fiesta celebrada en la residencia de los marqueses de Hoyos fué un suntuoso banquete que se verificó en la pasada primavera, y en el que las aristocráticas hej mosuras estaban gallardamente representadas por la duquesa de Bivoua y su encantadora hija Sylvia, por la duquesa de Almodóvar del Río y la suya, la duquesa de Plasencia y la vizcondesa de Irueste. El amplio comedor so presta admirablemente para estas fiestas gastronómicas; la luz do las arañas y de los candelabros apai- oco velada por rosadas pantallas; todo el servicio do mesa es elegantísimo, y las figuras que ali- ededor de ella se sientan apareGABINETE DE I. A MARQUESA cen reflejadas en los espejos que cubren los muros, pre 3 entando una visualidad verdaderamente deslumbradora. La elección de los comensales, cosa monos fácil d- e lo que á primera vista parece, la hacen los ínarqueses de Ho os con sumo acierto, y doiidóla hej juüsura tiene puesto tan brillante, el talento le ociipa también muy preferente. Allá, en la severa corte do los Hapsburgos, ha ido el marqués de Hoyos á sustituir al ilustre escritor p Juan Valerk. Después del autor insigne de Fu- pita Jiménez, la misión del rcpi- de España en Viena era dificilísima; pero el escollo le ha salvado el ilustrado aristócrata, cuyos méi- itos litf rarios le alcanzaron un sillón en la Academia de la Historia, y cuyos méritos políticos le elevaron á la alta dignidad que actualmente desempeña, í La marquesa de Hoyos, por su parte, ha llevado á Viena la representación de la elegancia y de la discreción de las damas españolas. MONTE- CRISTO Fotografías di; M. Pranzm, hedías erpresamurile pura BI. AXCO r XKGRO.