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insurrección. Sn brillante hoja de servicios y sus entorchados, que ganó combatiendo en las colonias á los enemigos de la patria y en la Península á los enemigos de la dinastía, son una garantía de sus futuras glorias en esta nueva fase que ha de tomar la guerra con Ja. llegada de los nuevos generales y de los nuevos refuerzos. Claro es que suceso de tan grave importancia como el que ha motivado el destino para Cuba de estos tres generales, tenia que surtir efecto en la esfera de la política española, y el primero de ellos fué la dimisión del ministro de Estado, señor duque de Tetuán, que por motivos de caballerosidad q iiso caer con sü entrañable amigo y protector el general Martínez Campos. La cartera vacante por la dimisión del señor duque fué inmediatamente provista en personaje tan prestigioso y alto en el partido conservador como el Sr. D. José Elduayen, marqués del Pazo de la Merced, que habiendo rehuido en otras y recientes ocasiones volver á formar parte del Gobierno, no ha podido menos de sacrificar su tranquilidad privada en aras del h i e n d e la. patria y del interés del G- obierno, nunca como ahora necesitado en tan altas esferas de figuras tan respe! ables y de primera fila como el señor marqués del Pazo de la Merced. EL MAKQDES DEL PAZO DE LA MEKCED Fotog. Fernando Debas El general Gamir La realidad ofrece constantemente los contrastes más dolorosos. Mientras cruzan el camino de la Península á Cuba no pocos generales llenos de entusiasmo y poseídos del deseo de acabar con los desastres y desdichas de la guerra, allá en la pequeña Antillá perece en su puesto, víctima de la terrible enfermedad endémica, u n noble soldado de la patria, la cual le debía señalados servicios y reconocía en él méritos innegables. Era D José Gamir y Madaleñ hombre de recia y templada complexión, todavía m u y útil para el servicio de la patria, pues aún n o había cumplido sesenta y u n años, y contaba cuarenta y tres de servicios. Su historia militar está llena de hechos brillantes. Teniente de Estado Mayor en 1859, apenas salió de la Academia marchó a l a guerra de África, asistiendo á los principales combates, obteniendo sucesivamente en el campo de batalla la cruz de San Fernando, el i S í J í empleo de capitán, el grado de comandante, y por fin el de teniente l r i. i ¡3 i coronel; este último en el glorioso combate de Wad- Eas. El empleo V B de este mismo grado lo obtuvo por el acierto con que contribuyó a l a í- j t formación del plano de Barcelona. I ¿t E n 1873 acompañó á D. Alfonso X I I en la campaña del Norte, con cediéndosele la encomienda de Carlos I I I y no bien concluyó aquella misión, pasó al ejército del Centro con el general Jovellar, y contribuyó tan poderosamente á los dos hechos de armas de Monlleu y Canta vieja, que fué ascendido á brigadier, asistiendo con este empleo al sitio de la Seo de Urgel. Pasó á la subsecretaría de Guerra, hasta que en 1872 fué como segundo cabo á Puerto Eico, donde estuvo; hasta 1881, en que regresó á la Península, desempeñando el cargo de gobernador militar de Málaga. E n 1883 fué ascendido á mariscal de campo y pasó á comandante: general del Campo de. Gibraltar, difícil y delicado puesto que ocupó con notable acierto y sagacidad, Fotog. Cavüla y Bruzim siendo premiado con el empleo de teniente general en 1892. Desde entonces fué capitán general de Baleares y de las Vascongadas, presidente de la J u n t a Consultiva de Guerra, y en Mayo último pasó á la Capitanía general de P u e r t o Eico. i