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La conducta honradisiraa y magnánima, eso sí, pero desafortunada del general Martínez Campos como general en jefe del ejército de Cuba, había puesto enfrente de él á toda la opinión, y u n a atmósfera de impopularidad l e rodeaba cada vez más densa é imposible de desvanecer. La prensa en general veía en él a l XJolitioo y no a l caudillo; si como capitán general de Cuba merecía plácemes, como organizador de la campaña n o recibió más que censuras. T ¡cosa rara! no ha sido su gestión militar, sino su conducta política lo que motivó el relevo; que tuvo por causa ocasional, y a que no por causa eficiente, la protesta de u n o ó dos do los partidos políticos de Cuba. Tal es el punto negro que hemos visto todos en el relevo, por otra parte necesario é irremediable, del general Martínez Campos. Mas como la misión de BLANCO Y KEOKO no es alabar ni censurar los actos del Gobierno, y mucho menos eu esta sección, por completo dedicada á la actualidad gráfica, nos hemos preocupado más que de analizar el alcance político y la trasoendenaia del relevo famoso, de proporcionar al lector la efigie de los. generales del ejército que por virtud de los últimos acontecimientos han de sustituir en la campaña á los generales Mariinez Campos, Marín y Arderíus, puesto que éstos son por ahora los únicos cuya vuelta es segura. El general VVeyler, en el cual ha recaído el nombiamiento de general en jefe, fué desde el primer momento el candidato de la opinión. Ejerciendo por primera vez el importante cargo de capitán general de Cuba, claro es que no tiene compromiso alguno con ninguno de los tres partidos q u e con gran dolor de la patria riñen en aquella provincia española luchas, si menos sangrientas, no, menos sensibles que las dé la manigua. Semejante circunstancia es u n a garantía en favor de la EL MARQUES DE AHUMiBA gestión política del general Weyler, y en cuanto á su Fulog Escola conducta militar, su fama de severo y riguroso satisface también á la opinión, pues comprende q u e la magnanimidad del general Martínez Campos no lia siiio bien pagada n i agradecida en la campaña actual, llamada á! entrar en u n a fase de acometividad y dureza ¡jropiTcionada al auge q u e en los últimos meses h a tomado en las provincias de Cuba el separatismo armado. A las preguntas de los reportéis y de los representantes do la gran Antílla, h a contestado el nuevo general con llana y absoluta franqueza: Yo no he de reconocer en la I la más que dos partidos: españoles y filibusteros. Interrogado sobre sus planes militares, no h a vacilado tampoco en decir que su conducta ha de ser m u y diferente de la seguida hasta aquí: nada de pequeños destacauienlos, que sólo sirven para poner de relieve el heíoísmo individual, sin frutos n i efectos positivos para la campaña; r i g r saludable para todos los separatistas, armados ó n o implacable severidad para los espías, confidentes y cuantos contribuyan con su ayuda á los jdanes del enemigo, y cautas precauciones con los presentados, que hasta ahora no hicieron sino burlarse y pagar con la más negia traición la generosidad de España. Con el general Weyler, que hoy mismo debe embarcarse para Ctiba, v a n también dos tenientes generales de indudable prestigio y gran renombre militar. Es el primero el señor marqués de Ahumada, q u e ocupaba el cargo de capitán general de Aragón (jefatura del 5. cuerpo de ejército) E l general Ahumada, por su caballerosidad, por sus dotes de mando y nobilísimo proceder, se ha captado en la guarnición y en la sociedad de Zaragoza todas las simpatías de aquel gran pueblo. La prensa de la capital de Aragón ha despedido con los más sentidos artículos á la primera autoridad militar, y todas las clases sociales se unieron para significar al nobilísimo marqués el sentimiento q u e su marcha de Zaragoza causaba en dicha población. El teniente general Bargés, u n o de los más bravos y decididos de nuestro ejército, marcha- también á Cuba dispuesto á secundar eficazmente los planes del general EL GENERAL BARGES Weyler, para el m á s pronto y eficaz exterminio de la Fotog. Itibüt