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A inocentes confidencias que, riendo, se cruzaron del bastidor á la sombra ó ante el atril del piano, sucedieron seoretitos de pechos enamorados, que con miedo se decían y con rubor se escucharon. Las miradas que so cambian, las citas dadas al paso, la cartita que se espora, el prometido retrato. Mas castigó su avaricia la pasión tan en su daño, que Himeneo le dio túmulo á los diez meses de tálamo. Más largo tiempo la rubia fué poco á poco encerrando en el cielo de sus ojos al que, más prudente y cauto, oyendo sólo en el alma del cariño los reclamos, más que á la mujer, al ángel dijo con amor: ¡Me caso! Con pasión viva, impaciente, sí no más enamorado, el galán de la morena dijo en seguida: ¡Me caso! Y tragándose de un sorbo la epístola de San Pablo, hasta de la dulce rubia guardó á su mujer avaro. Jliontrns la ardiente morena, con su duelo inesperado, ve que marchitan sus gracias sombras de un luto temprano, su espiritual amiga hice crecientes encantos, que son como eternas flores que cultiva el amor casto. inriARno li (ÍSTTl, h DlRlLlcs nK M É N D E Z B R I N O A Y PIÍDRUIOO